Después de haber revisado Esdras 7, y no haber encontrado en ese capítulo el cumplimiento de Daniel 9:25, que da inicio a la profecía de las 70 semanas, examinaremos el libro de Nehemías, para ver si encontramos en dicho libro, la orden de edificar Jerusalén y sus muros en tiempos angustiosos. En el capítulo 2 de Nehemías, encontramos que en el año 20 del reinado de Artajerjes; es decir, el año 444 a. C., Nehemías le pide al rey que lo envíe a Judá, a la ciudad del sepulcro de sus padres para REEDIFICARLA (Nehemías 2:5) . En el verso 8 del mismo capítulo, Nehemías le pide al rey cartas para el guarda del bosque, a fin de que le facilite madera para la reconstrucción del muro de la ciudad, lo que le fue concedido. Aquí es importante destacar dos cosas: A- La primera, que es cierto que en el libro de Nehemías no se registra que a este se le entregó un decreto imperial; pero, no es menos cierto que Nehemías realizó un viaje a Jerusalén, de carácter oficial en el año 444 a. C., con el cargo de gobernador (Nehemías 5:14); por lo que el rey le proveyó de un resguardo militar, constituido por capitanes del ejército y gente a caballo; situación que no se dio en el caso de Esdras. El permiso otorgado a Nehemías se constituyó en una orden, porque: «… en el lenguaje oficial de la época, un permiso era una orden», según lo afirma el Comentario Bíblico Adventista, tomo III, pág. 355. B- Que en ese tiempo; previo a la construcción de una ciudad grande como Jerusalén, se construían primero sus muros, a fin de proveerle seguridad contra las bandas de asaltantes y los invasores. En Nehemías 2:13, se registra que los muros estaban derribados y sus puertas consumidas por el fuego, razón por la cual Jerusalén estaba desierta (verso 17). En el mismo verso se registra que Nehemías invita al pueblo a edificar el muro; a lo que el pueblo contestó: «… levantémonos y edifiquemos». En Nehemías 7:14, se registra que recién terminados los muros de Jerusalén aún no habían casas reedificadas. Hasta aquí, las Escrituras evidencian que antes de la llegada de Nehemías a Judá, no se había iniciado la reconstrucción de los muros de Jerusalén, y mucho menos la edificación de la ciudad, que haya dado cumplimiento a Daniel 9:25. El capítulo 3 de Nehemías registra la reedificación de los muros de Jerusalén; y en Nehemías 4:8-17, que los enemigos de Judá conspiraron para atacar Jerusalén y matar a los que reconstruían los muros; por lo que, los que edificaban el muro, con una mano trabajaban y con la otra tenían la espada, que en Daniel 9:25 se describe como tiempos angustiosos. En Nehemías 7:1 se registra la terminación del muro, y en Nehemías 12:27-43 la solemne dedicación del mismo, con la procesión de dos grandes coros en direcciones opuestas y el sacrificio de numerosos animales. El último versículo mencionado registra que el regocijo, contentamiento y el alborozo por la dedicación del muro fueron tal, que fue oído desde lejos. Finalmente, en Nehemías 11:1-2 se consigna la repoblación de Jerusalén por voluntarios; echando suertes para que uno de cada diez judíos moraran en Jerusalén. Los nuevos pobladores comenzaron a edificar sus casas y el resto de la ciudad, dando con ello cumplimiento a la profecía de Daniel 9:25. Una de las razones para no aceptar el año 444 a. C. como el año del inicio de la profecía de las 70 semanas, es el aparente desajuste en el cronograma profético -que produce un desfase de 13 años -, que no permite concordar la parte final de la profecía con el año del inicio del ministerio del Señor Jesús en el 27 d. C. Ese aparente desajuste se da, si continuamos computando el tiempo de la profecía de las 70 semanas con años solares o años modificados de trece meses cada dos años, cuando el profeta escribió primariamente para el pueblo judío que utilizó años lunares de 12 meses y 354.36 días, antes, durante y después del exilio, llegando hasta el cumplimiento final de la profecía, con el bautismo del Señor Jesús. El cómputo del tiempo, intercalando un año con trece meses cada dos años, fue implementado por los babilonios, estudiosos de los astros en el siglo IV a.C., un siglo después de que el Señor le revelara a Daniel las profecías. Al respecto, el C.B.A. tomo II, página 123, comenta: «No fue sino hasta el siglo IV a. C. que los babilonios regularizaron la intercalación de los 7 meses adicionales dentro del ciclo de 19 años». En la página 126 del mismo tomo se registra: «La sucesión que ahora usa el calendario judío con siete años de trece meses en cada ciclo de 19 años…no fue adoptada por los judíos hasta la edad media»; es decir, a partir del siglo V de nuestra era. Por razones de espacio, de momento, no se profundizará en el cómputo del tiempo que usaron los judíos en su inicio como nación, que incluye la celebración de la Pascua y la fiesta de la Siega del trigo. Al computar el tiempo utilizando años lunares, y arrancando del año 444 a. C., encontramos que los 483 años de las 69 semanas, multiplicados por 354.36 días que tiene el año lunar, alcanzan un total de 171,156 días, que dividido entre 365.24 días que tiene el año solar; se reduce a 468.6 años solares. Si a esos 468.6 años solares, les restamos el año 444, que la historia registra como el año en que Nehemías viajó a Jerusalén, nos quedan 25.6 años; es decir, el mes de Tishri del año 26 d. C. El considerar el cómputo del tiempo de las 70 semanas utilizando años lunares, nos permite concordar los eventos que dan inicio a la profecía, como es la edificación de la ciudad de Jerusalén en tiempos de Nehemías, así como el evento final de la profecía con el bautismo del Señor Jesús en la estación otoñal del año 26 d.C.; lo que no sucede, si utilizamos años solares, porque si la profecía se inicia a principios de Nisán, debe terminar también a inicios del primer mes del año, lo que no concuerda con la estación en la cual fue bautizado el Señor. Todo lo anteriormente considerado, evidencia que en el año 444 a. C. en tiempo de Nehemías, este recibió el permiso de reconstruir los muros de la ciudad, los cuales reconstruyo y dedicó con solemne ceremonia; así como también ordenó y dirigió la repoblación de Jerusalén; que dio lugar a la reedificación de la ciudad; dando así cumplimiento a la profecía de Daniel 9:25. Para terminar, debemos preguntarnos: ¿Si el libro de Nehemías es categórico, al pormenorizar los diferentes eventos que dan inicio a la profecía de las 70 semanas en el año 444 a.C. ¿Cómo podemos seguir afirmando que dicha profecía se inició en el año 457 a.C. basándonos en deducciones y suposiciones de lo registrado en el libro de Esdras, contrarias a lo revelado claramente en las Escrituras? Bendiciones.

Gracias Frank por la exposición y resaltaré los siguientes puntos: 1. Que el inicio de la profecía de las 70 semanas de Daniel 9 se da con la orden dada a Nehemías en el año 20 de Artajerjes parece lógico tal como se describe en el libro de el gobernador Nehemías. 2. A falta de aparente prueba bíblica de año solar o lunisolar, el razonamiento expuesto parece muy lógico de que la profecía inicia en 444 a.C utilizando un calendario lunar con 11.25 días al año menos que el calendario solar.
Este blog me obliga a estudiar las siguientes argumentos bíblicos
1. Que las lumbrera mayor y menor las cuales están para separar el día de la noche, tambien sirven de señales para las estaciones, días y años. En este caso, estudiar a mas profundidad si las cuatro estaciones se consideran parte de un año bíblico y que el año bíblico según Éxodo 12:2, 14:4 cuando dice: “Este mes os será principio de los meses, para vosotros será este el primero en los meses del año», iniciaba en primavera o rotaba en las 4 estaciones del año, dando la posibilidad incluso que en un año solar se iniciara dos veces un año lunar y por consiguiente dos pascuas, etc
2. Que las fiestas solemnes dadas a Israel Antiguo se celebran durante las estaciones. En este caso las fiestas de pascua y panes sin levadura junto a la fiesta del pentecostés se celebran en primavera. Tambien considerar si las fiestas de las trompetas, yom kippur y de las cabañas se celebran siempre a inicios de otoño. O si las fiestas solemnes en su conjunto se mueven rutinaria y gradualmente en todas las estaciones del año.
3. Si la frase “y la fiesta de la cosecha a la salida del año” cuando se celebraba la fiesta de los tabernáculos en el 7mo mes, es un referente que la última fiesta debía celebrarse a la salida del año, dando por sentado que la salida del año lo hace en referencia al año agrícola y éste termina en los tiempos bíblicos antes o durante el otoño. El término “la salida del año”, -concepto agrícola en este texto- ¿podría rotar en las cuatro estaciones?
Mi argumento a priori es que si estamos frente a un año bíblico estrictamente lunar, entonces Frank ha puesto un argumento muy solido en el análisis de la profecía de las 70 semanas y no solo esa profecía, sino todas las profecías y con ello un terremoto dentro del análisis profético tal como lo entendemos los Adventistas del Séptimo Dia. Por otro lado, si se demuestra bíblicamente la estacionalidad de las fiestas solemnes en un año lunisolar que se practicaba empíricamente por observación natural y que se registró oficialmente en el siglo IV por los babilonios y legalizado por los judíos en la edad media, el argumento propuesto por Frank deberá ser revisado con mas detalle. Aun asi, me parece razonable que la profecía de las 70 semanas inician en el año 20 de Artajerjes tal como lo expresa Frank. Saludos