Es posible que algunos hermanos que lean este blog, concluyan que el suscrito es un declarado enemigo de la iglesia, lo cual no es cierto, porque seguimos contribuyendo con nuestros diezmos al sostén de este movimiento, y con nuestras ofrendas al mejoramiento de nuestras casas de culto. Los que me conocen, ya sean adventistas conservadores o progresistas, pueden dar fe que no soy un adversario de la iglesia, sino, un permanente buscador de la verdad. Por otro lado, no debe preocuparnos que lo compartido en este blog, no esté de acuerdo con lo que tradicionalmente hemos creído, sino que esté de acorde con la verdad bíblica e histórica; si no lo está, descartarlo; pero si lo está, darle una nueva mirada a lo que hemos creído, y proceder a una revisión de ello con el fin de rectificar. Comparto con ustedes lo que hace algún tiempo, le escribí a uno de nuestros estudiosos, que es un amigo de hace varias décadas: Lo importante no es lo que uno quiere creer personalmente, sino lo que permitimos que otros, que han confiado en nosotros, crean equivocadamente. Confieso que personalmente en los últimos 25 años me he encontrado entre dos disyuntivas: guardar silencio acerca de lo que el Señor me ha permitido entender, lo que en cierta manera me haría cómplice del error, o compartirlo, lo que me libera de una pesada carga, aunque por ello no sea bien visto. También confieso, que muchas veces he deseado no saber lo que sé, porque no he buscado saberlo, sino solo entender mejor lo revelado por el Señor en su Palabra profética. Otra aclaración es que no es fácil ni agradable ser proveedor de información veraz al que no quiere recibirla, lo que no nos exime de la responsabilidad de hacerlo; porque lo menos que se puede hacer es tratar de disipar la obscuridad interpretativa profética, a fin de que nos iluminen los rayos de la revelación divina. Soñar no cuesta nada, y el suscrito sueña con una iglesia que se despoje de creencias proféticas sin mucho fundamento, algunas de las cuales fueron el fruto de la ignorancia de nuestros pioneros, que hicieron lo mejor posible. Ahora nos toca a nosotros pararnos sobre los hombros de ellos, y ver más allá de lo que ellos vieron, y no seguir repitiendo ni defendiendo los errores que ellos formularon. Como denominación nada perdemos en reconocer que hemos estado equivocados en algunas de nuestras interpretaciones proféticas; todo lo contrario, ganamos credibilidad como una iglesia seria y honesta que honra la verdad a cualquier costo. Bendiciones.

Gracias Frank por aportar a nuestro conocimiento tanta información valiosa. A veces el silencio es elocuencia y otras veces cómplice. Esta vez ninguna de las dos. Dios le bendiga