En la primera parte de la investigación sobre la Trinidad, confirmamos que los judíos de todos los tiempos nunca vieron ni entendieron que en Deuteronomio 6:4 se registra una pluralidad de divinidades de tres dioses en uno, tan coeternos como el Padre. En la segunda parte descubrimos que los cristianos de los primeros tres siglos, hasta llegar al concilio de Nicea, mantuvieron la sólida creencia monoteísta de que Jehová es uno, y que el Hijo Unigénito se derivó del Padre en algún momento de la eternidad, antes de la creación del universo. En esta tercera parte revisaremos lo que revelan las Escrituras acerca de la Trinidad, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. Antes de continuar, es importante dejar claro que nuestra posición respecto al Hijo de Dios, es que es plenamente divino, igual al Padre que lo engendró de su misma esencia y sustancia. No es un Dios menor, sino un verdadero Dios, pero subordinado al que lo trajo a la existencia con un propósito, que en otro artículo consideraremos. Esa subordinación fue reconocida en diferentes momentos de su ministerio por el mismo Hijo de Dios, alcanzando su clímax cuando él declaró que: «El Padre es mayor que yo». Otro punto importante de aclarar, es que no nos espaciaremos en textos tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, que no sean categóricos en mencionar directamente al Hijo de Dios, porque muchos de los que se usan como pruebas de algunas características divinas, no dejan de ser deducciones bien intencionadas, pero no igual de fundamentadas. Por otro lado, algunas de esas citas señalan algunas características propias de una divinidad, como es la eternidad, con el inconveniente de que en ciertos casos, la mención de esos términos es el resultado de malas traducciones de la Biblia. Entre esas citas tenemos Proverbios 8:22-23, que argumentaron y argumentan tanto los monoteístas como los triteístas en defensa de sus posturas, Isaías 9:6, Miqueas 5:2 y otras más. Al respecto, el Diccionario bíblico adventista en la pág. 413 comenta lo siguiente: “Olam en -hebreo- no implica por sí mismo un periodo sin principio y sin fin, como lo sugiere la palabra española eterno”. Al usar la palabra eterno, en la mayor parte de los casos, el sentido, es un periodo que no tiene que ser obligadamente sin inicio, pero si, que su duración es en sentido de avance hacia el futuro o el infinito. En otros casos eterno o eternidad, se puede referir a un periodo de la antigüedad o al principio del mundo. Habiendo formulado las anteriores aclaraciones, procederemos a considerar Deuteronomio 6:4, el texto más controversial del Antiguo Testamento relacionado con la divinidad, que ha dado lugar a la creencia en la existencia de una trinidad por parte de los cristianos protestantes en los últimos siglos. A fin de tener un punto de partida en nuestra investigación y revisión de este tema, consideraremos lo registrado en el libro La Trinidad, que ya mencionamos en un artículo anterior. En las págs. 36-37 de esa obra se registra lo siguiente: » … Deuteronomio 6:4 dice : “Oye Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es… Jehová Dios es el Señor que es “uno”. Lo llamativo acerca de esa palabra importante traducida como “uno” en castellano es la palabra hebrea “ejad”, que significa uno, “entre otros“, La posibilidad de que allí estén otros está inherente en “ejad”, pero “yahid” excluye esa posibilidad. Otra forma de explicar “ejad“, es que se refiere a la unidad que resulta de una unidad de numerosas personas. Sin duda, Moisés disponía de la palabra hebrea “Yahid”, la que podría haber empleado si hubiese deseado describir al Señor Dios de Israel como un ser exclusivamente unitario. En contraste con “ejad”, la palabra «yahid» significa “uno” en sentido de “solo” o «único». Para ponerlo en otra forma, se refiere a uno en el sentido unitario, no plural. Sin embargo, Moisés empleó el plural «ejad» -uno entre otros en una unidad acoplada o compartida-. Nos ayuda a entender más completamente el sentido de “ejad“ el recordar que la Escritura registra: Dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer y será UNA «ejad» sola carne“. Lamentablemente, las anteriores declaraciones del libro La Trinidad están totalmente divorciadas de la verdad, porque, para comenzar, las 969 veces que está registrada esa palabra -«ejad“- en el Antiguo Testamento, siempre está en singular. El plural de “ejad“ es “ejadim“, lo que no da a lugar a afirmar que Moisés empleó EL PLURAL EJAD -uno entre otros- en una unidad acoplada o compartida. Por otro lado, si “ejad“ está registrado como número singular en todas las veces que se registra en las Escrituras, no tiene sentido que propongamos a “Yahid“ como número singular para que el texto se refiera a la unicidad de Dios. En este punto es importante aclarar que, aunque “ejad“ se refiere indefectiblemente al numeral uno, en algunas ocasiones está asociada a un sustantivo colectivo como ejército o pueblo, pero no por eso pierde su singularidad al registrarse UN “ejad“ ejército o UN “ejad“ pueblo. En otras ocasiones, está asociada a la unión de dos o más sustantivos, que terminan siendo uno; UN «ejad“ solo cuerpo, como el caso mencionado del hombre y la mujer, o la tarde y la mañana que se vuelven UN “ejad“ solo día, o las dos varas de Ezequiel que se unen para ser UNA “ejad“ sola vara. En estos casos, esa asociación se deriva del contexto donde se registran PREVIAMENTE los sustantivos que terminarán uniéndose para volverse uno. Eso no es el caso de “Adonai ejad“, o Jehová uno es, donde solo se registra el sustantivo -Jehová-, y no hay ningún otro sustantivo que se le pueda asociar. Esos pocos y excepcionales casos, es decir, la unión de dos o más sustantivos que pueden ser personas, animales o cosas, solo representan el uno por ciento de las veces que se registra la palabra “ejad“ en las Escrituras; por lo que es incorrecto afirmar que, en vista de que “ejad“ significa uno (entre otros), existe la posibilidad de que al usar la palabra “ejad“ allí estén otros, que se excluye al usar la palabra “Yahid“. Es sorprendente el nivel de malabarismo exegético al que se puede llegar a fin de defender una interpretación acariciada, que en este caso, va en contra de la categórica revelación divina dada a Moisés hace varios siglos. Que el Señor tenga misericordia de nosotros. Bendiciones.

Algunos comentarios gramaticales de un humilde profesor de hebreo bíblico.
Creo que hay algunas confusiones gramaticales. Cuando se dice «UN ejército o UN pueblo» el español es diferente al Hebreo ya que en hebreo estamos hablando de cantidad mientras que en español «un» ejercito equivale a una palabra indeterminada ya que «un» funcionaría como articulo indeterminado.
«jehová» no es un sustantivo (independientemente de ser una mala transliteración del nombre del Dios de Israel), califica como nombre propio nunca como sustantivo, de hecho en el mismo texto de Deuteronomio 6:4 hay un sustantivo mas asociado a este nombre: nuestro «Dios».
Me parece un poco sesgado afirmar que «eḥad» significa uno entro otros, «eḥad» significa simplemente «uno», afirmar que significa «uno entre otros» es como decir que yo tengo «un hijo» y que eso significa automáticamente que tengo otros.