Aclaraciones Parte V.

| Frank Claros

Esta continuidad en las Aclaraciones, se debe a que recientemente se ha descubierto que un hermano adventista; después de leer algún articulo en el blog, envía al correo del suscrito, artículos escritos por renombrados estudiosos adventistas, refutando lo propuesto en este blog. Un ejemplo reciente de lo anterior, es que después de haber cuestionado el principio día por año en los dos últimos artículos publicados; en la siguiente semana enviaron a mi correo un artículo escrito por Gerhard Pfandl titulado «En defensa del principio día por año». El inconveniente de este artículo, es que el Dr. Pfandl, no presenta nada nuevo, sino que repite lo mismo que tradicionalmente hemos enseñado y creído; argumentando que en Números 4:34 y Ezequiel 4:6, se encuentra el fundamento de que un día profético representa un año literal; argumento, que algunos de nuestros estudiosos y mas del 95% de las otras denominaciones religiosas no consideran válido. El mayor problema de nuestra interpretación -como ya lo mencionamos en los articulos anteriores -, de que las 2,300 tardes y mañanas, representan 2,300 años, no es tanto su falta de fundamento bíblico; sino su falta de aplicación profética, porque no podemos explicar como la profecía se inició en el año 457 a. C. durante el imperio Persa; al no poder identificar el poder (cuerno pequeño) que profanó el santuario en ese año, condición sine qua non en la interpretación de Daniel 8:11. Es claro que el cuerno pequeño de ese verso, no está representado por Roma, ni por el papado como hemos propuesto, porque dichas entidades surgieron siglos después de la fecha mencionada. Siendo así, deberíamos buscar e identificar en la historia otra aplicación profética de los 2,300 años – si es que un día representa un año-, que cumpla las condiciones proféticas mencionadas en Daniel 8; que hasta el momento no tenemos. En vista de lo antes mencionado, no tiene importancia si un día equivale o no a un año, por lo que no debemos espaciarnos en ese debate; en lo que si debemos concentrar nuestra atención, es en tratar de encontrar una aplicación profética coherente y con sentido, entre 2,300 años y nuestra interpretación tradicional, que hace iniciar la profecía en el año 457 a, C. con la profanación del santuario; aunque no podamos explicar: ¿Quién profanó el santuario?, ¿Qué santuario fue profanado? y ¿Cómo fue profanado?; preguntas que han estado en el limbo por mas de 170 años. En otras palabras, aunque sea correcto y aceptemos el principio día por año, de nada nos sirve, sino podemos darle una aplicación profética relacionada con los 2,300 años de nuestra interpretación tradicional, lo que da lugar a que descartemos dicho principio, porque no tiene sentido aplicarlo a la profecía de Daniel 8. Lo anterior, nos obliga a buscar una interpretación literal, ya sea de 2,300 días, o 2,300 tardes y mañanas, que pueden equivaler a 1,150 días. La segunda aclaración, está en cierta manera relacionada con la primera, particularmente cuando nos resistimos y rechazamos ciegamente de manera irreflexiva, a una alternativa interpretativa, porque creemos que es un error señalar algunas inconsistencias interpretativas proféticas, que vemos como un ataque a la Iglesia. Un error sería no hacerlo, aunque genere rechazo y una actitud de negación que no tiene sentido, especialmente cuando no podemos refutar con fundamento dichos señalamientos. Es entendible que parte de nuestra resistencia a una interpretación diferente, de que las 2,300 tardes y mañanas, representen 2,300 años, es que se desvanece la creencia de que somos una iglesia profética. Eso no significa que seamos una iglesia falsa, porque el Señor en su providencia nos hizo surgir de un chasco con el propósito que anunciemos su pronta venida, y el bendito mensaje del Sábado, no como una obligación, sino como un regalo que debemos disfrutar. A nuestra iglesia se le ha confiado un tesoro, que es la comprensión más completa de la revelación divina para llevar una vida plena y realizada en este mundo, que genera gratitud al Creador; y que nos prepara para la vida venidera. Tal revelación, no se debe a nuestra bondad, ni debemos verlo como un privilegio, sino como una responsabilidad que debemos asumir con humildad. Bendiciones

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