En artículos anteriores, ya consideramos la imposibilidad de que la profecía de Daniel 8 haya comenzado en el año 457 a.C. por diferentes razones: A – La primera, es nuestra dificultad de identificar el cuerno pequeño que profanó el santuario el año mencionado; identificar qué santuario fue profanado, ¿ El terrenal o el celestial?, e indicar ¿Cómo fue profanado? Nuestra interpretación de que Roma representó el cuerno pequeño de Daniel 8, es inconsistente, porque ese imperio empezó a surgir como una potencia a mediados del siglo II a. C., por lo que no pudo profanar el santuario en el siglo V a. C., durante el imperio Persa. B – La segunda razón, es que en el libro de Esdras, no encontramos la orden de edificar Jerusalén con sus muros, y mucho menos la implementación de dicha orden en el año 457 a. C. Lo que sí encontramos en Esdras 6:14-15 son los mandatos de Ciro, Darío y Artajerjes para terminar la casa de Dios, obra que fue terminada el tercer día del mes de Adar del sexto año del reinado de Darío; aproximadamente 50 años antes de que Esdras retornara a Jerusalén. Lo anteriormente mencionado deja en evidencia que el año 457 a. C., no pudo ser el año del inicio de la profecía de Daniel 8, por lo que esta profecía tampoco pudo haber terminado en el año 1,844; también deja en evidencia que el año 457 a. C., es un año calculado a posteriori, al buscar en el pasado un acontecimiento sobresaliente -como el viaje de Esdras Jerusalén- que permitiera hacer concordar el inicio de la profecía de las setenta semanas, con los últimos años del ministerio del Señor Jesús; sin importar que los eventos de inicio y fin de la profecía no se cumplieran. Un ejemplo de lo anterior, es que en el año 457 a. C. no encontramos ninguna orden de parte de Artajerjes de restaurar y EDIFICAR Jerusalén; situación similar a la relacionada con el tiempo del bautismo del Señor Jesús, que fue en la estación otoñal, y no en la primavera, cuando debieron terminar las 69 semanas, que se iniciaron en el mes Nisán con la partida de Esdras a Jerusalén. Al escudriñar detenidamente las Escrituras, encontramos que en el libro de Nehemías se registra el permiso de reedificar los muros de Jerusalén -que en ese tiempo era una orden-, el registro de la reedificación de los muros con su solemne dedicación; para dar lugar después a la repoblación y edificación de la ciudad. Lo último mencionado, confirma que el año 457 a. C. es un año rebuscado para dar inicio a la profecía de las 70 semanas y también a la profecía de las 2,300 tardes y mañanas que no pudo terminar en el año 1,844. Por lo ya mencionado, lo que consideraremos a continuación es el origen y proceso de la interpretación de Guillermo Miller de la profecía de las 2,300 tardes y mañanas que concluyó terminaría el 22 de octubre de 1,844. Para inicios del siglo XIX, el mundo religioso, vio en la captura y destierro del papa Pío VI, el cumplimiento de la profecía de los 1,260 días de Daniel 7, que con el paso del tiempo terminaron descartando. Guillermo Miller fue uno más de los que aceptaron esa interpretación, con la diferencia de que él vio en ese evento, el inicio del tiempo del fin que culminaría con el regreso del Señor Jesús en sus días; creencia contraria a la que tenían buena parte de sus contemporáneos, que esperaban un milenio de paz y prosperidad antes de la segunda venida del Señor Jesús. Para finales del siglo XIX, es decir los años 1,800, miles de cristianos esperaban que en el siglo XX, se iniciaría el milenio profetizado en el libro de Apocalipsis. Por otro lado, Miller estaba convencido, que con el cumplimiento de la profecía de los 1,260 días, era inminente el cumplimiento de la profecía de las 2,300 tardes y mañanas, y con ello la segunda venida del Señor Jesús, por lo que se dispuso escudriñar las Escrituras con el propósito de encontrar en su tiempo dicho cumplimiento. Lamentablemente, la expectativa de Miller, sesgó su investigación, quien inconscientemente ignoró los versos 8-11 y 22-24 de Daniel 8, donde se revela y explica el momento del surgimiento del cuerno pequeño que posteriormente profanaría el santuario, porque esa revelación y explicación divina, no daba lugar a su esperanza que la profecía de Daniel 8 se cumpliría en sus días. Bendiciones

Gracias Frank por su artículo razonado con lógica e históricamente. Pero más allá de los datos e interpretación de 1844 dado por nuestra iglesia y que seguimos sosteniendo, teologicsmente no se puede sostener la entronización de Jesucristo y su rol como Rey y sumo sacerdote en 1844. No encuentro en la Biblia un solo texto que implique tal suceso en 1844. Dado que Jesús es sumo sacerdote según el orden de Melquisedec, y nada que ver según el orden levítico, al ascender a cielo mismo a través del velo mismo, esto es su carne, se sentó s la diestra del Padre, hasta que todos sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies. Esto sucedió en el año de su ascensión en el día de Pentecostés según hechos cap 2.
Pero creo firmemente que Dios guió a nuestros pioneros quienes a pesar de su error interpretativo de Daniel 8, para levantar a un pueblo de entre las naciones como ramas injerrtadas en el buen olivo para anunciar el retorno de nuestro Señor Jesucristo, vivir una vida saludable acorde a los grandes principios bíblicos de salud, a proclamar la vigencia de su santa ley moral y a adorar alegremente al que creó el universo y nuestras vidas. Creo que nuestra iglesia puede hacer una gran diferencia en este mundo con un rumbo a la deriva con su mensaje, su liturgia, pero sobre todo por su práctica cristiana. Esa es nuestra misión y ojalá el mundo pueda ver en nuestro movimiento adventista una esperanza de salvación.