Últimas aclaraciones. Parte III.

| Frank Claros

En las dos últimas publicaciones, he explicado las razones por las cuales he compartido varios artículos en este blog, relacionados con las profecías de Daniel; y he detallado el proceso que el Señor utilizó para llevarme a descubrir – sin buscarlo -, las inconsistencias en nuestra tradicional interpretación del libro profético mencionado. En esta última parte, nos enfocaremos en relatar el proceso de divulgación de esa investigación, durante los últimos 25 años, con el propósito de motivar una revisión de lo que hemos creído. Por razones familiares, y mayormente providenciales, creo que el Señor nos llevó a vivir a Sudamérica hace veinte años, donde residí por los siguientes doce; donde continué con las investigaciones y la divulgación de las mismas. En esa región, en una de sus principales universidades, también compartí algunos capítulos escritos, con docentes de teología y teólogos jubilados de reconocido prestigio, encontrándome que la totalidad de los primeros adoptaron una actitud de negación, SIN OFRECER NINGUNA OBJECIÓN A LO PLANTEADO. En el segundo grupo, la mayor parte de los jubilados, formularon preguntas, a fin de entender mejor lo que habían leído. Es importante destacar que, de ese grupo, dos reconocidos teólogos evidenciaron una gran apertura mental, al grado de que uno de ellos no solo leyó todos los capítulos compartidos, sino que también cuestionó los puntos en los que él creía que estaba equivocado. Esas objeciones fueron de gran valor, porque ayudaron a mejorar lo propuesto, mejoras que volví a compartir con tan apreciada persona, quien en cierto momento me invitó a enviar las investigaciones al Instituto de Investigación Bíblica, ofreciéndome a la vez una carta referencial, donde acreditaría que el suscrito no era un adversario de la iglesia, sino un permanente buscador de la verdad. El segundo jubilado mencionado fue abiertamente honesto, al confesar, que había leído dos veces lo que le había compartido, y que había llegado a la conclusión de que lo que se proponía en las investigaciones era totalmente contrario a lo que había enseñado la iglesia acerca de las profecías de Daniel, pero que era muy difícil de refutar. En relación a la segunda universidad sudamericana, el suscrito se inscribió y participó en un simposio de una semana realizado hace algunos años en ese centro educativo, celebrando el quinto centenario del momento en que Martín Lutero clavó sus 95 tesis en las puertas de la Universidad de Wittenberg. A ese evento asistieron aproximadamente 200 teólogos de la División Sudamericana, un representante de la Universidad de Andrews y otro del Centro White y varios delegados del Instituto de Investigación Bíblica, incluyendo su director, que fueron los principales expositores. La mayor parte del tiempo en ese evento, se dedicó a llevar a cabo reuniones de trabajo donde se distribuían los participantes para considerar temas relacionados con la justificación por la fe. Aprovechando la oportunidad, en cada sesión de trabajo en la que participé, compartí docenas de copias de los trece capítulos que había desarrollado, con los teólogos que se miraban más destacados y los de mayor experiencia, solicitando que cuestionaran lo compartido. Intercambiamos correos electrónicos, con el propósito de mantener contacto a fin de recibir las objeciones. En las pláticas informales que mantuve con algunos participantes a la hora de las comidas y en los ratos libres, identifiqué interés de parte de algunos de ellos en lo que les había entregado, lo que me generó la expectativa de recibir numerosas objeciones; objeciones que no llegaron. También entregué copia de lo investigado a los representantes de la Universidad de Andrews, el Centro White y al director del Instituto de Investigación Bíblica, quienes hablaban español, solicitando también sus objeciones a lo compartido. Triste y lamentablemente, tampoco recibí cuestionamiento alguno. No queriéndome dar por vencido, le escribí al director del Instituto de Investigación Bíblico, recordándole quién era el suscrito, y solicitando nuevamente sus cuestionamientos. El director tuvo la amabilidad de contestarme brevemente, informándome que estaban muy ocupados, pero que al tener tiempo me enviaría lo solicitado. Pasaron varios meses, por lo que me vi obligado a volver a escribirle, recordándole que estaba esperando noticias suyas. Al fin recibimos una carta, en la que se presentaba, un resumen de las principales interpretaciones proféticas que hemos repetido por décadas, que son precisamente las interpretaciones que se objetan en las investigaciones que se le entregaron.. Lo anterior me hizo pensar, que dicho director no leyó lo compartido por falta de tiempo o no lo entendió porque NO ENVÍO OBJECIÓN ALGUNA A LO PROPUESTO.. También terminamos concluyendo que dicho instituto no está cumpliendo las funciones para las cuales fue fundado, porque realmente no tiene interés ni tiempo para dedicarse a revisar e investigar periódicamente lo que hemos creído e ideas nuevas que vayan surgiendo, siguiendo el consejo de Elena G. de White, que en cierto momento escribió: «NO HAY EXCUSA PARA QUE ALGUNOS TOMEN LA POSICIÓN DE QUE NO HAY MÁS VERDADES PARA SER REVELADAS Y QUE TODAS NUESTRAS EXPOSICIONES DE LAS ESCRITURAS CARACEN DE ERRORES. QUE CIERTAS DOCTRINAS HAYAN SIDO SOSTENIDAS COMO VERDADERAS DURANTE MUCHOS AÑOS NO ES PRUEBA DE QUE NUESTRAS IDEAS SON INFALIBLES. EL TIEMPO NO CONVERTIRÁ EL ERROR EN VERDAD, Y LA VERDAD TIENE LA CAPACIDAD DE SER IMPARCIAL. NINGUNA DOCTRINA VERDADERA PERDERÁ ALGO POR ALGUNA INVESTIGACIÓN MINUCIOSA». Desafortunadamente, el Instituto de Investigación Bíblica ha estado ocupado en publicar y reafirmar las creencias que hemos sostenido por casi dos siglos, algunas de las cuales son erróneas como las que estamos considerando, lo que ha dado lugar a que la iglesia continúe sumergida en un denso obscurantismo profético. Después de haber respetado por más de 25 años los diferentes niveles del conocimiento teológico dentro de nuestra organización, hasta el nivel más alto, tratando de motivar una revisión y una honrosa rectificación de lo que hemos creído acerca de las profecías de Daniel, es frustrante ver una actitud de negación, en todos los niveles del saber teológico de la iglesia, SIN OFRECER OBJECION ALGUNA A LOS CUESTIONAMIENTOS FORMULADOS QUE DEJAN EN EVIDENCIA NUESTRAS INCONSISTENCIAS INTERPRETATIVAS. Lo anterior nos ha obligado a difundir a través de este blog dichas inconsistencias y fisuras, a fin de que nuestros dirigentes y teólogos se vean obligados a dar respuesta a los cuestionamientos presentados. Nunca pasó por nuestra mente que se llegaría a esta medida extrema, de exponer públicamente a la iglesia, pero las circunstancias obligaron a proceder en esa dirección. Es posible que esta exposición sea providencial, a fin de que nos veamos obligados a iniciar una revisión y rectificación de lo que hemos enseñado equivocadamente, lo que evidenciaría el amor y misericordia de Dios por este movimiento que hizo surgir en cierto momento – a pesar de un chasco -, con un propósito que hemos estado estropeando al seguir sosteniendo interpretaciones proféticas que no tienen ningún respaldo bíblico ni histórico, que desacreditan el más completo mensaje evangélico que el Señor se dignó en confiarnos. Está en mano de nuestros dirigentes y teólogos proceder a una revisión de nuestras creencias proféticas, o ignorar los problemas que eso conlleva, con lo que estaríamos declarando que preferimos seguir siendo una secta pseudocristiana que no quiere reconocer sus inconsistencias interpretativas que son contrarias a lo revelado en las Escrituras. El creer que somos una iglesia profética que surgió en 1844, basado en la conjetura de que en el año 457 a. C., Esdras inició la edificación de Jerusalén y sus muros, ignorando deliberadamente un categórico ESCRITO ESTÁ, como lo encontramos registrado en el libro de Nehemías, es propio de una secta. Por otro lado, afirmar que somos la única y exclusiva iglesia remanente del tiempo del fin y que las otras iglesias cristianas son las hijas de la ramera de Apocalipsis, igualmente es propio de una secta. El creer que el papado representa al cuerno pequeño de la profecía de Daniel 7, que ejerció supremacía papal durante 1,260 años, basado en una conjetura sin una sólida base histórica, que confirme PARTICULARMENTE SU INICIO, así como también su desarrollo y su fin; también es propio de una secta. Es tiempo de despertar y erradicar esas creencias que nos ponen en entredicho. Bendiciones.

Comentarios

  1. Gracias Frank por sus aportes a la investigación biblia. He tenido el privilegio de conocer y estudiar con Frank estas líneas de pensamiento investigativo en este blog. Hemos conversado con mas detenimiento los argumentos esgrimidos y su preocupación como miembro de IASD, pero mas como estudiante «bereano» de la Biblia y es justo tomar en consideración todos los argumentos que necesitan ser respondidos con una investigación sincera, histórica, teologica y exegetica de las escrituras en relación a nuestras creencias. Llevamos casi 200 años de interpretar 1844 a la luz de Daniel 8:14-15 y levítico 16 como el gran dia de la expiación. Es honesto y justo revisar con sinceridad lo que hemos predicado y analizar a la luz de la investigación biblia si estamos enseñando la verdad. Frank ha puesto el dedo en el meollo del asunto. Nuestra iglesia no debe resistir la investigación y tampoco nada se pierde en una investigación honesta. Es triste que por egos, erudicion y otras tantas infulas se ponga a un lado preguntas claves de los laicos de nuestra iglesia. Pero llegara un dia cuando sera tomado en cuenta este hermoso trabajo de Frank y entonces podremos ver que la mano de Dios sigue su timón de nuestra obra evangelizadora.

    Gracias Frank y Dios premie su esfuerzo por la investigación de la verdad.

  2. Elena G. de White advirtió explícitamente contra la postura insostenible de considerar nuestras exposiciones bíblicas como infalibles o asumir que no hay más luz por descubrir. El paso del tiempo no convierte el error en verdad, y ninguna doctrina genuina pierde vigor ante la investigación rigurosa.
    ​Atribuir infalibilidad a tradiciones humanas o a sus escritos contradice su propio mensaje. Ella afirmó categóricamente: «En cuanto a la infalibilidad, nunca la pretendí; solo Dios es infalible» (Mensajes Selectos, t. 1, p. 43), reafirmando que la Biblia es la única norma suprema de fe y doctrina.
    ​El liderazgo de la IASD no debe infundir una aceptación ciega, sino fomentar una actitud bereana: un estudio riguroso, humilde y abierto a la revelación continua de la Escritura. Defender la verdad significa permitir que sea examinada solemnemente a la luz de la Palabra, donde solo Dios permanece incuestionable.

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