Antes de continuar considerando las declaraciones de Elena de White relacionadas con la profecía de Daniel 7, es importante aclarar que ella nunca recibió una visión categórica y detallada que le explicara las profecías de Daniel 7 y 8. Las explicaciones escuetas que hemos señalado se fundamentan mayormente en conjeturas basadas en las visiones que ella recibió, como es el caso de su primera visión, en la que supuestamente se le reveló lo que pasó en 1,844, o la visión que tuvo en Exeter en febrero del siguiente año, cuando aún ella no tenía idea de lo que había pasado en 1,844; y seguía creyendo que el Señor Jesús vendría en octubre de 1,845. En el caso de Daniel 8, ella transcribió a sus libros las creencias de Guillermo Miller, quien adoptó de Johan Petri, pastor reformado del siglo XVIII, la interpretación de que las profecías de Daniel 7 y 8 comenzaron simultáneamente y que, al final de los 2,300 años de Daniel 8, comenzaría el reinado milenario del Señor Jesús. También transcribió a sus libros la interpretación de Roussell Crossier que afirmaba que el santuario que debió ser purificado en 1,844 era el celestial, y no la tierra como habían creído Guillermo Miller y Samuel Snow. Crossier, dos años después, se retractó de lo que había propuesto por considerar que carecía de fundamento bíblico. Lamentablemente, nuestros pioneros no pudieron hacer lo mismo, porque esa interpretación fue apoyada por Elena de White, y registrada en sus libros, como la verdad de lo que había pasado en 1,844. En el caso de Daniel 7, ella transcribió a sus libros, parte de las interpretaciones de los eruditos más eminentes de su tiempo, como Stanley Leather, con su obra, Profecías del Antiguo Testamento; W. Goode, con Profecías cumplidas; A. Thom, con Cronología de las profecías; Isaac Newton, con Observaciones sobre las profecías de Daniel y Apocalipsis, que encontramos registradas en el apéndice de la página 270, del libro Conflicto de los siglos; página en la que se aborda específicamente la profecía de Daniel 7. Las interpretaciones de esos eruditos, en su momento, fueron incuestionables; pero no dejaron de ser simples conjeturas, que no tienen ningún valor profético en nuestro tiempo. Volviendo a la segunda razón, por la cual el año 538, no se puede señalar como el año en que inició la profecía de los 1,260 años, es porque en ese año, los ostrogodos no recibieron el golpe mortal, ni Roma fue liberada del dominio de ese reino arriano, como se registra en el Comentario bíblico adventista. La verdad histórica, es que ese evento sucedió en el año 536 d.C., cuando el ejército de Justiniano, a mando del general Belisario, expulsó por primera vez a los ostrogodos de Roma, ciudad que habían gobernado por algunas décadas. La pregunta obligada aquí es: ¿Por qué los adventistas insistimos en señalar el año 538 como el año de inicio de la supremacía papal, cuando en ese año los ostrogodos no recibieron el golpe mortal, que permitiera el encumbramiento del papa al poder político? La respuesta, es sencillamente porque el año 538, surge de un cálculo aposteriori donde se le restan 1,260 años al año 1,798 en el que supuestamente terminó la supremacía papal. El prestigiado y reconocido historiador adventista, Mervin Maxwell, reconoce que el año 538, surge de un cálculo a posteriori partiendo de 1,798, y afirma que como iglesia no debemos avergonzarnos de tal procedimiento –agregando subjetivamente en este caso -; que el conocimiento va de lo conocido a lo desconocido. Por otro lado, nuestros teólogos, con el propósito de identificar un evento significativo, que pudiera respaldar el año 538, como inicio de la profecía de Daniel 7, han afirmado que en ese año los ostrogodos abandonaron el sitio al que habían tenido sometida a la ciudad de Roma por aproximadamente un año. El Comentario bíblico adventista, tomo 4, pág. 853, respalda tal infundada aseveración, al registrar:»Su retirada de Roma en 538 marcó el verdadero fin del poder ostrogodo». Como ya mencionamos, la anterior declaración no tiene respaldo histórico, porque el mismo Comentario Bíblico Adventista, en el mismo tomo, y la misma pág., reconoce lo siguiente: «Es verdad que en el año 540 los ostrogodos volvieron a entrar en la ciudad durante un período muy corto», que según algunos historiadores fue de 40 días. Lamentablemente, la anterior declaración es una verdad a medias, porque dicho Comentario omite deliberadamente, que los ostrogodos volvieron a tomar Roma en los años 546 y 550. En el 546, los ostrogodos bajo el mando del rey Totila, no solo derribaron los muros de la ciudad de Roma y disolvieron el senado, sino que mandó a acuñar monedas donde él aparecía con vestimentas imperiales. Los ostrogodos, finalmente fueron derrotados en el 552, por Narses, general del ejército de Justiniano. Una vez más debemos preguntarnos: ¿Qué nos revela el anterior relato histórico? En primer lugar, que los años 536 y 538 no tienen ningún valor profético, y por lo tanto tampoco el año 1,798. En segundo lugar, que hemos encubierto deliberadamente un abismal error, con el propósito de seguir sosteniendo una errada interpretación propuesta por Elena G. de White que nos está conduciendo a un monumental chasco infinitamente mayor al de 1,844. Debido a lo anteriormente expuesto, no consideramos necesario que revisemos las decenas de declaraciones de Elena G. de White registradas en el libro Conflicto de los siglos, que pretenden evidenciar una supuesta supremacía papal por 1,260 años, que no podemos demostrar históricamente. Una muestra de lo anterior, es que en el libro anteriormente mencionado se omite que, después de la derrota de los ostrogodos, resurgieron los lombardos, otra tribu bárbara que fue el azote de Roma y el papado por más de 200 años, al grado que en el año 767, depusieron al recién nombrado papa Constantino II, y nombraron en su lugar a Esteban IV. En el siglo XII, fue elevado a la silla pontificia el papa Gregorio VI, el máximo exponente de supremacía papal que nuestra iglesia ha destacado. Es cierto que Gregorio VI pretendió tener grandes aspiraciones de supremacía papal, que le hizo afirmar que la iglesia romana no erró, ni errará jamás, y que, los poderes temporales deben estar sometidos a los poderes espirituales, es decir, la iglesia romana. Gregorio VI en el año 1076 excomulgó al emperador germano Enrique IV, en el momento en que el monarca tenía serios adversarios que aspiraban a la corona imperial. Esa excomunión favoreció a los adversarios de Enrique IV, en vista de que la excomunión liberaba a los súbditos del emperador de los votos de lealtad que le debían. Por conveniencia política, el monarca solicitó audiencia en las afueras del castillo de Canosa en pleno invierno por tres días, pidiendo perdón y la suspensión de la excomunión a la que había sido sometido. Finalmente, el monarca logró su cometido, debilitando con ello a sus adversarios, que terminaron siendo derrotados. Lamentablemente, el libro Conflicto de los siglos, no nos presenta un relato completo de la supuesta supremacía papal de Gregorio VI, porque omite que unos años después, el mismo papa, pretendió nuevamente excomulgar a Enrique IV, quien ordenó que Gregorio VI fuera depuesto de su cargo, nombrando en su lugar a Clemente III. Debido a lo anterior, Gregorio VI huyó a Salerno, donde murió un año después de ser depuesto del cargo papal. El anterior relato, solo es uno de los casos de los que hemos afirmado que existió supremacía papal, distorsionando los hechos acaecidos, relatándolos fuera de contexto u omitiendo información que nos permita tener un cuadro completo de lo que realmente sucedió. Por falta de tiempo y espacio, no consideraremos «el cisma papal», «la cautividad babilónica» de los papas en los siglos XIV y XV y otros relatos que revelan a todas luces que no existió una supremacía papal por 1,260 años, como reiteradamente lo afirma Elena G de White, sino unas exageradas pretensiones de supremacía. El descartar nuestra tradicional interpretación de Daniel 7, nos obliga a buscar una interpretación más satisfactoria y objetiva, que probablemente la encontraremos en el futuro. No olvidemos que, según Daniel 7, el cuerno pequeño es destruido después de que el Juez se sienta y le quita el dominio, dominio que es entregado a los santos del Altísimo, que el verso 27 describe como un reino eterno. Termino preguntando: ¿Por qué nos cuesta tanto reconocer que hemos estado equivocados, y proceder a una honrosa rectificación, cuando esa debe ser la actitud correcta de un cristiano, que es llamado a ser columna y baluarte de la verdad? Bendiciones.

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