La segunda declaración de Elena White, la encontramos registrada en el libro Conflicto de los siglos, pág. 377, donde se menciona lo siguiente: «… en Esdras 6:14, se dice que LA CASA DEL SEÑOR FUE EDIFICADA en Jerusalén por mandato de CIRO Y DE DARÍO Y DE ARTAJERJES rey de Persia. Estos tres reyes, al expedir el decreto y al confirmarlo y completarlo, lo pusieron en la condición REQUERIDA POR LA PROFECÍA PARA QUE MARCASE EL PRINCIPIO DE LOS 2,300 AÑOS». Para comenzar, la anterior declaración presenta una seria y grave contradicción, porque describe dos eventos diferentes, como son la edificación de la casa de Dios, que se terminó en el año 508 a. C. en el sexto año del reinado de Darío, que la Sra. White asocia con el decreto que marca el inicio de la profecía de las 2,300 tardes y mañanas que supuestamente comenzó en el año 457 a. C.; 51 años después de que la casa de Dios fue terminada y dedicada. La razón de la anterior contradicción, es que Elena White transcribió literalmente esa frase de su fuente original, sin reparar si tenía fundamento bíblico e histórico. Nuestros pioneros, debido a su falta de escolaridad, adoptaron interpretaciones de renombrados y cultos estudiosos de las profecías de los siglos XVIII Y XIX, algunos de los cuales se graduaron en reconocidas universidades de Inglaterra y Estados Unidos, como teólogos, médicos y abogados; que llegaron a ocupar cargos de gobernadores y jueces, de gran credibilidad y alto prestigio. Esos estudiosos no lograron discernir, que lo relatado en Esdras 6:14-15 se refería exclusivamente a la construcción del templo, y que no tenía ninguna relación con la edificación de Jerusalén. Lo que los confundió, fue la inclusión, en los textos recién mencionados, del rey Atrajeres como participante en la construcción final del templo; participación, que no fue posible, porque el templo fue terminado, aproximadamente cinco décadas antes que el rey Artajerjes llegara al poder. La pregunta obligada aquí es: ¿Por qué Esdras consignó al rey Artarjerjes como el último gobernante persa que contribuyó a la terminación del templo? ¿Fue un error de copistas? Es posible; pero también es posible que por gratitud al rey, por lo que hizo por la casa de Dios, al enviar generosas ofrendas voluntarias para el servicio de dicha casa, y los últimos utensilios del templo que aún quedaban en Babilonia; lo incluyó en el registro de los gobernantes persas que participaron en la terminación del templo. Por otro lado, no debemos olvidar, que el libro de Esdras, fue escrito primariamente para el pueblo judío, que cubría aproximadamente noventa años, desde Ciro en el 538 a. C., hasta el tiempo en el que vivió Nehemías; por lo que no nos debería extrañar que Esdras, queriendo darle relevancia al templo ante los ojos de su propio pueblo, consignó que este rey pagano, soberano de un gran imperio, reconocía al Dios de los hebreos, por lo que lo incluyó, como el último rey persa que contribuyó a la terminación y funcionalidad del templo. Una cosa es cierta, Atrajeres no pudo emitir ningún decreto para la terminación del templo, porque cuando este se terminó, él era un niño o posiblemente aún no había nacido. Tampoco Artajerjes, emitió un tercer y último decreto para dar inicio a la edificación de Jerusalén en el año 457 a. C., porque no tenemos ningún registro categórico de dicho mandato, que si encontramos en el capítulo 2 de Nehemías, que lo confirmamos en el libro Profetas y reyes, pág. 470, donde se registra lo siguiente: «NEHEMÍAS HABÍA TRAÍDO UN MANDATO REAL, QUE REQUERÍA A LOS HABITANTES QUE COOPERARAN CON Él EN LA REEDIFICACIÓN DEL MURO DE LA CIUDAD”. Si hay un mandato categórico, para dar inicio a la edificación de Jerusalén y sus muros, incuestionablemente lo encontramos en el capítulo 2 de Nehemías. En Esdras 7, 6 y 4, solo encontramos conjeturas como la que estamos considerando. Otro factor que contribuyó a interpretar que la profecía de Daniel 8, se inició con el supuesto tercer decreto de Artajerjes registrado en Esdras 6:14-15, fue que la interpretación de Johann Petri gozó de mucha popularidad a mediados del siglo XVIII, interpretación que muchos estudiosos de las profecías adoptaron, haciendo comenzar simultáneamente la profecía de las setenta semanas y la profecía de las 2,300 tardes y mañanas en el año 457 a. C. Para mayor información, leer en este blog el artículo titulado: Tres preguntas que los adventistas no podemos contestar objetiva y satisfactoriamente relacionadas con la profecía de Daniel 8. Parte IV. Debido a lo anterior, no sería extraño que Guillermo Miller haya creído y adoptado esa interpretación; heredándola a nuestros sinceros pioneros, que ingenuamente terminaron acogiéndola y transcribiéndola a nuestros libros inspirados. Aquí es de rescatar la objetividad del cardenal alemán Nicolás de Cusa, que fue un célebre teólogo y filósofo del siglo XV, quien sostenía que los 2,300 años se extendían desde el tiempo de la visión de Daniel 8, hasta la venida de Cristo, que registró en su libro, «CONJETURAS ACERCA DE LOS ÚLTIMOS DÍAS». Ese título es el que debieron merecer todas las interpretaciones proféticas que se formularon en los siguientes tres siglos después del cardenal Cusa; porque el paso del tiempo, ha demostrado que dichas conjeturas no tenían ningún fundamento; incluyendo la de Guillermo Miller, que lamentablemente nosotros adoptamos; lo que nos obligó a forzar nuevas conjeturas interpretativas, que difícilmente podemos sostener, como las ya mencionadas en los más de cincuenta artículos de este blog. Algunos estudiosos adventistas ultraconservadores, al no poder refutar lo anteriormente compartido, y pretendiendo apoyar la declaración que estamos considerando, han llegado al extremo de afirmar, que la edificación de Jerusalén debió comenzar con la construcción de la casa de Dios. La anterior afirmación presenta el inconveniente, de que la profecía de las 2,300 tardes y mañanas, no podría haber comenzado en el año 457 a. C., y terminado en 1,844 de nuestra era; sino, que debió comenzar en el año 538 a. C., cuando Ciro emitió el primer y único decreto para INICIAR la construcción del templo; por lo que la profecía debió terminar en el año 1,763 d. C. William Shea, al comentar la posibilidad de que la orden para edificar Jerusalén pudiera iniciar con la edificación del templo, menciona en su libro: Daniel: Una guía para el estudioso, pág. 161, lo siguiente: «La profecía identifica el punto de partida con la salida del decreto o palabra que ordenaba la reconstrucción de la ciudad de Jerusalén. Menciona concretamente a Jerusalén, así que reedificar solo el templo no completaría esta especificación». Bendiciones.

Gracias Frank por su información
De algo estoy seguro, la profecía de las setenta semanas de Daniel 9 es una profecía no vinculada a la profecía de las 2,300 tardes y mañanas de Daniel 8. Aunque fuera el caso que Daniel 8 fueran años, no veo como esta profecía deba vincularse con Daniel 9.