Antes de entrar en consideración de las declaraciones de Elena White, es necesario hacer las siguientes aclaraciones: 1- Este artículo no tiene el propósito de desprestigiar, o menoscabar, la figura de la Sra. White; sino desmitificar la imagen que a través de décadas hemos forjado de ella. Indiscutiblemente, Elena White fue un instrumento de Dios que contribuyó a darle dirección y coherencia al movimiento adventista en el momento en que más lo necesitaba. No obstante lo anterior, no debemos olvidar, que ella no dejó de ser un humano como nosotros, con sus virtudes y sus defectos, con sus generosidades y sus mezquindades, que le hizo incurrir en errores que no la descalificaron para cumplir la misión que el Señor le había encomendado. Nuestra iglesia no sería lo que es, si ella no hubiera existido. 2 – Elena White, nunca pretendió ser una autoridad en historia, ni estar por encima de ella. Lo anterior lo confirmamos al leer en la introducción del libro: Conflicto de los siglos, donde declara: “Con este fin, he tratado de escoger y reunir acontecimientos de la historia de la iglesia en forma que quedara bosquejado el desenvolvimiento de las grandes verdades comprobadas que en diversas épocas han sido dadas al mundo». Es importante destacar, que en las primeras ediciones del Conflicto de los siglos, se consignaron más de 400 referencias bibliográficas, que en algunos casos, no se limitaban a una frase; sino, que se componían de varias páginas. Su hijo William White, en una carta que le envió a S. N. Haskell en 1,912, escribió lo siguiente: “que su madre nunca había deseado que nuestros hermanos consideraran sus ESCRITOS COMO UNA AUTORIDAD RESPECTO A LA HISTORIA … y ciertamente pienso que cometemos un grave error, si nosotros … tratamos de dilucidar hechos históricos utilizando los libros de mi madre como si fueran autoridades”. Algo que no debemos olvidar es que, por muy bien intencionado y objetivo, que trate de ser un historiador; su versión de los hechos estará condicionado por el lente con que vea los acontecimientos narrados; por lo que no hay que descartar que haya sesgos en su narrativa. 3 – Que la Sra. White, nunca pretendió que sus escritos fueran infalibles. En cierto momento, cuando ella vio la tendencia de algunos hermanos de revestir de infalibilidad sus escritos, declaró: “Solo Dios es infalible, los que piensan que nunca tendrán que abandonar una posición favorita, ni tener ocasión de cambiar una opinión, se verán chasqueados”. En 1,890, Elena White escribió: “La verdad es algo dinámico, y debemos esforzarnos … por adquirir mayores conocimientos y una luz más brillante”. Dos años después, volvió a escribir: “No hay excusa para que alguno tome la posición, de que NO HAY MÁS VERDADES PARA SER REVELADAS, y que TODAS NUESTRAS EXPOSICIONES DE LAS ESCRITURAS CARECEN DE ERRORES. Que ciertas doctrinas hayan sido sostenidas como verdaderas durante muchos años, NO ES PRUEBA DE QUE NUESTRAS IDEAS SON INFALIBLES. El tiempo no convertirá el error en verdad, y la verdad tiene la capacidad de ser imparcial. NINGUNA DOCTRINA VERDADERA PERDERÁ ALGO POR ALGUNA INVESTIGACIÓN CUIDADOSA” En 1,894, ella reiteró lo que había propuesto en años anteriores al escribir: “Es un hecho que tenemos la verdad, y que debemos aferrarnos con tenacidad a nuestras creencias inconmovibles, sin embargo, NO DEBEMOS CONTEMPLAR COMO SOSPECHOSA CUALQUIER LUZ QUE DIOS NOS ENVÍE”. Cuan útiles fueron y deberían ser en nuestro tiempo, las anteriores declaraciones de Elena White, en un momento en el que nuestros estudiosos tienen una actitud de negación ante cualquier idea nueva que no pueden refutar; ni tienen la intención de revisar. 4 – La mayor parte de nuestra interpretación profética, no está fundamentada en las Escrituras, como más adelante lo confirmaremos; sino en los escritos de Elena White. Lamentablemente, ella transcribió a sus libros las interpretaciones de renombrados y cultos estudiosos de las profecías, del siglo XVIII y XIX; que eran muy aceptadas en su tiempo, que finalmente fueron adoptadas por Guillermo Miller y Urías Smith y acogidas por nuestros sinceros pioneros, que por su baja escolaridad, no vieron necesidad de revisar y mucho menos cuestionar lo que estaban adoptando. Por otro lado, no tenemos registro, en las más de 2,000 visiones y sueños que tuvo la Sra. White, que haya recibido una visión puntual y categórica, donde se le proporcionó una mayor revelación de lo registrado en los capítulos 7, 8. y 9 de Daniel. En el caso de la profecía de Daniel 8, donde se profetiza la profanación del santuario, la Sra. White transcribió a sus libros la interpretación de Russell Crosier; interpretación que recomendó a la pequeña grey, por contener la luz verdadera acerca de la purificación del santuario. Pocos años después, Crosier se retractó de lo que había propuesto, por carecer de fundamento bíblico e histórico; algo que nuestros pioneros no pudieron hacer, por haber consignado la interpretación de Crosier en nuestros libros inspirados. Después de las aclaraciones anteriores, procederemos a considerar las declaraciones que la Sra. White consignó en sus libros, que son contrarias a lo revelado en las Escrituras y la historia. La primera declaración, la encontramos en el libro Conflicto de los siglos, pág. 373, que reza así: “Como los 2,300 días son el único periodo de tiempo mencionado en el capítulo octavo, DEBEN constituir el período del que fueron descontadas las setenta semanas; las setenta semanas DEBEN, por consiguiente formar parte de los 2,300 días, y ambos periodos DEBEN comenzar juntos … Ese decreto se encuentra en el capítulo séptimo de Esdras. (vers. 12-26)”. El principal problema de la anterior declaración, es que por más que busquemos en el capítulo siete de Esdras la orden de edificar Jerusalén, no la encontramos; que si encontramos en los capítulos 2, 3,11, y 12 de Nehemías, donde se registra la autorización dada a Nehemías de edificar Jerusalén y sus muros y la implementación de las medidas que dieron cumplimiento a esa orden. Como ya hemos mencionado anteriormente, la Sra. White en la declaración en consideración, no solo está repitiendo la errada interpretación de Johann Petri, formulada en el siglo XVIII de que las profecías de las 2,300 tardes y mañanas y la profecía de las setenta semanas iniciaron simultáneamente, basada en suposiciones; sino también, la interpretación de que las setenta semanas iniciaron en el año 457 a. C., fecha que surgió de un cálculo a posteriori, restándole 69 semanas o 483 años a la fecha del bautismo del Señor Jesús en el año 27 de nuestra era. Para mayor información, leer el artículo: Tres preguntas que los adventistas no podemos contestar objetiva y satisfactoriamente, relacionadas con la profecía de Daniel 8. Parte II y III. Finalmente, es necesario mencionar que algunos de nuestros teólogos, reconocen que en Esdras 7 no se hace mención de la edificación de la ciudad de Jerusalén y sus muros. William Shea, en el libro: Daniel: una guía para el estudioso, pág. 162, menciona lo siguiente: «El siguiente decreto fue dado a Esdras personalmente ( Esdras 7:12-26) … Este decreto no menciona la reconstrucción de Jerusalén… «. Marvin Moore, en el libro: El juicio investigador, pág. 269, declara: «El problema es que el decreto de Artajerjes, tal como está registrado por Esdras en el capítulo 7, no dice nada acerca de reconstruir Jerusalén … por lo cual el decreto de Artajerjes no tenía que ver con eso». Por todo lo antes expuesto, concluimos que la declaración de Elena White que menciona que el decreto de Artarjerjes de iniciar la edificación de Jerusalén, se encuentra en el capítulo 7 de Esdras, está basado en una suposición que no tiene el respaldo bíblico ni histórico que si tiene el relato del libro de Nehemías, que registra la autorización de edificar Jerusalén y sus muros, y el cumplimiento de dicha autorización. Bendiciones

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