Tuvimos el privilegio de asistir al Congreso Mundial en San Luis, Missouri. En esta ocasión, compartiremos nuestra impresión de lo que fue este congreso; impresión que hemos categorizado como lo bueno, lo malo y lo feo. Después de compartir las buenas sensaciones que nos llevamos del congreso, procederemos a señalar las malas y las feas percepciones, no con el propósito de ser negativos; sino de hacer una crítica constructiva, que podría servirnos para los próximos congresos. Para comenzar, debemos confesar; que después de haber participado en el pasado en tres congresos, en este; no pudimos sustraernos del hermoso sentido de pertenencia que experimentamos, porque nos encontramos con conocidos y amigos, a quienes no veíamos hace algún tiempo, y con desconocidos que irradiaban un espíritu de confraternidad con quienes nos saludamos al encontrarnos; así como con otros, con quienes en diferentes ocasiones oramos en grupos, cada uno en su idioma. Entre los desconocidos, logramos entablar conversación con dos compatriotas; una de las cuales, nos contó entusiasmada que, al clausurar el congreso, estarían viajando con su esposo a las Amazonas para servir por un tiempo como misioneros voluntarios. También tuvimos el privilegio de hacer amistad con una pareja amable y servicial, con quienes compartimos gratos momentos y un almuerzo de despedida. No podemos dejar de mencionar la gratificante visita a la sala de exhibiciones, donde nos encontramos con pabellones de nuestras principales casas editoras; hospitales y centros de atención médica; universidades y escuelas; instituciones de sostén propio, instituciones de ayuda filantrópica, de Uniones y Divisiones que tenemos en todo el mundo, lo que deja en evidencia que somos una denominación bien organizada y estructurada. En relación con lo malo, nos limitaremos a compartir las valiosas participaciones de dos delegados, que, por razones de tiempo, solo los escucharon y les agradecieron su participación, para después continuar con la agenda programada. No obstante lo anterior, es importante volverlas a considerar a fin de revisarlas y ver cuán útil pueden ser que en futuros congresos. La primera participación fue de una delegada europea, antes de votar en bloque por los presidentes de las trece divisiones en que está dividida la iglesia. La delegada solicitó mayor información de las personas propuestas para los cargos mencionados, a fin de tener idea de quiénes eran las personas por las que se solicitaba votar. La anterior sugerencia era razonable, a fin de que el voto tuviera cierto valor, a la hora de elegir a cualquier dirigente, especialmente cuando en algunos casos provienen de regiones distantes. No tiene sentido que un delegado proveniente de la Región de Magallanes, en la parte austral de Chile, vote a favor o en contra de un dirigente propuesto de la División Euroasiática; -que incluye a Rusia-, en la parte septentrional de Asia, a quien no conoce. Ese voto no tiene ningún valor práctico, porque no deja de ser un voto nominal que no decide nada. No dejó de llamar la atención que, a la hora de contabilizar los votos después de cada elección, se reportó entre un cinco y un diez por ciento de votos en contra de las personas propuestas. Es posible que ese pequeño porcentaje tenga un mayor valor, porque es un voto con conocimiento de causa, que el restante 90 % que probablemente votó a ciegas. ¿Qué podemos aprender de la solicitud de la delegada europea? Que no es correcto, ni parlamentaria, ni éticamente, que sigamos con nuestra tradicional manera de elegir a nuestros dirigentes regionales. Eso era válido hace siglo y medio, donde todos se conocían, pero no en una iglesia mundial del siglo XXI. En este punto, es importante mencionar otra propuesta de un delegado que sugirió votar individualmente, por cada presidente regional propuesto y no en bloque, como finalmente se hizo. Es entendible que, por falta de tiempo, no se consideró esa moción; pero sería saludable considerarla para los próximos congresos mundiales. Una de las prioridades de cada congreso cada cinco años debería ser revisar y evaluar en cada división el funcionamiento y administración de los dirigentes, ya sea para ratificarlos o nombrar sus sustitutos. Algo que debe preocuparnos en nuestros congresos mundiales, es la falta de una participación representativa de la membresía de la iglesia, porque la mayor parte de los delegados son empleados de la denominación, que terminan comprometidos con los dirigentes de mayor jerarquía que los propusieron -que también son empleados-; y con poco o ningún compromiso con las bases de la iglesia, que se limitan a acatar directrices, muchas veces divorciadas de la realidad que se vive en sus regiones. Un ejemplo de lo anterior, es el modelo de las pequeñas congregaciones en Latinoamérica, que son funcionales en otras culturas más solidarias, pero tienen menos aplicabilidad en una sociedad más independiente como las occidentales. Por otro lado, no debemos olvidar que en nuestra membresía hay personas con mejor formación educacional y mayor capacidad profesional, que la que tienen la mayor parte de nuestros pastores. Es cierto, que nuestra organización ha promovido el profesionalismo y la superación educativa de nuestros obreros, con maestrías y doctorados; pero también es cierto, que en la mayor parte de los casos, esos títulos tienen poca aplicabilidad práctica, y que en otros, solo sirven para mejorar la hoja curricular. En este congreso, me sorprendió descubrir que a un delegado, se le permitió invitar al congreso, a tres familiares con gastos pagados por parte de la iglesia, medida que a todas luces no se ve muy bien. En ese momento se cruzó por mi mente, que nuestra denominación debería, invitar a un delegado de la membresía como contraparte de cada delegado empleado de la institución, con derecho de voz y voto y con todos los gastos pagados, a fin de que nuestros congresos mundiales sean realmente representativos, porque al final de cuentas, ellos son los que sostienen económicamente a nuestra denominación. La anterior medida ayudaría a que las decisiones que tomemos sean más objetivas y prácticas a la hora de implementarlas por parte de los que las van a ejecutar, que de momento solo siguen indicaciones. Otro beneficio es que, a la hora de elegir nuevos dirigentes a cualquier nivel, los escogidos sientan un mayor compromiso con los delegados de la membresía que participaron en su elección, y los obliguen a ser más eficientes, porque de eso dependerá su continuidad. No olvidemos, que el hecho de ser una organización religiosa, no nos quita la responsabilidad de ser eficientes como cualquier empresa con fines de lucro, que debe rendir cuenta de forma objetiva de sus decisiones y acciones para lograr sus objetivos. Como en todas las cosas, las buenas intenciones no bastan. Continuará. Bendiciones.

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