Después de haber revisado someramente en la historia del cristianismo, el origen y la observancia del domingo en los primeros quince siglos de su existencia, podemos llegar a las siguientes conclusiones: 1- Incuestionablemente, la observancia del domingo, no está fundamentado en las Escrituras, pero no es menos cierto que los primeros cristianos, se vieron obligados por las circunstancias a buscar un día en el cual podían adorar con libertad al Señor, sin el temor del rechazo, persecución y masacre por parte de los judíos, así como de los romanos; quienes asociaban a cualquier guardador del sábado como perteneciente a la «despreciable» nación hebrea. Ante tal circunstancia, es comprensible, y no por ello condenable, que decidieran guardar distancia del sábado bíblico que conmemoraba la creación, y buscaran otro día que podía tener cierto significado para ellos en su deseo de adorar al mismo Dios que adoraban los hebreos. Ese cambio, no tuvo su origen en una deliberada rebelión contra el día establecido por Dios para adorarle, sino en la imposibilidad práctica de hacerlo, porque el sabado en lugar de ser un dia de reposo se volvio en un dia de ansiedad; en lugar de ser un dia de gozo espiritual, se volvio en un dia de angustia, por el rechazo y persecucion de sus adversarios. Es importante destacar lo anterior, porque para muchos cristianos guardadores del sábado -entre los cuales nos encontramos los adventistas del séptimo día- el no hacerlo, se constituye en una flagrante rebelión en contra de la voluntad de Dios.. 2 – El domingo comenzó a observarse en el primer siglo de nuestra era. Lo anterior lo confirmamos al revisar los escritos de los padres apostólicos, comenzando con Ignacio de Antioquia; y los padres de la iglesia de los primeros tres siglos, donde no encontramos un solo texto a favor de la observancia del sábado, pero sí a favor de la observancia del domingo. Ignacio de Antioquia que nació en el año 35 d. C. que según la tradición fue discípulo de Pablo -que es muy probable-, escribió siete cartas a los fieles de Éfeso, Esmirna, Magnesia, Filadelfia, Tralles, Roma y a Policarpo; que Eusebio de Cesarea registra en su libro «Historia eclesiástica» escrita en el siglo IV. En la carta a los Magnesios, Ignacio escribió lo siguiente: «Así pues, los que habían andado en prácticas antiguas alcanzaron una nueva esperanza, sin observar ya los sábados, sino moldeando sus vidas según el día del Señor, en el cual nuestra vida ha brotado por medio de Él y por medio de su muerte». Ignacio fue martirizado en el año 108 de nuestra era, por orden del emperador Trajano, quien lo arrojó a los leones, por mantenerse fiel a sus creencias. En este punto debemos preguntarnos: ¿Cómo pudo Ignacio, guardador del domingo – al igual que Justino Mártir y Policarpo de Esmirna- estar dispuestos a sufrir el martirio, si no hubieran sido fieles hijos de Dios, convencidos de que el domingo era el día del Señor que celebraban en conmemoración de su resurrección? También encontramos en los escritos de Bernabé, Justino Mártir, Orígenes, Tertuliano, Clemente de Alejandría, la carta a Diagneto; de los siglos II y III, antes del concilio de Nicea, que los cristianos de ese tiempo eran sinceros guardadores del domingo. Es preocupante que en nuestro clásico del adventismo: «El sábado en las Escrituras y en la historia» en las páginas 488-490, califiquemos los escritos de Ignacio de Antioquia, Justino Mártir y Bernabé como escritos apócrifos, porque no concuerdan con lo que hemos conjeturado sin ningún fundamento histórico y que hemos registrado en nuestros libros «inspirados»; donde hemos afirmado que todos los verdaderos cristianos de los primeros siglos fueron celosos guardadores del sábado. Para fundamentar la supuesta apocrificidad, el autor de esa afirmación, ha sido selectivo al citar declaraciones de esos escritores fuera de contexto, tratando de demostrar que para ellos el sábado seguía siendo el día de reposo, y que el domingo solo era un día de culto matutino. La anterior afirmación, presenta los siguientes inconvenientes: 1- Que Justino Mártir en la obra: «Diálogo con Trifón», fue categórico al afirmar lo siguiente: «No vivimos conforme a vuestra ley, ni circuncidamos nuestra carne como vuestros antepasados, ni guardamos los sábados como vosotros»; a lo que el judío Trifón replicó: » … Lo que nos tiene perplejos, es que vosotros que decís practicar la religión, y os tenéis por superiores a los paganos … no guardéis las fiestas y sábados, ni practicáis la circuncisión» 2 – Es sorprendente la evidente contradicción, relacionada con la supuesta apocrificidad de los escritos de Justino Mártir, recien mencionada, porque que en la misma obra: «El sábado en las Escrituras y la historia», página 175, se reconoce lo siguiente: «Justino Mártir escribiendo desde Roma, hacia mediados del siglo II, presenta una CONDENA del sábado sumamente DEVASTADORA y SISTEMATICA … Vacía el sábado de toda su significación teológica, reduciéndolo a una NORMA TEMPORAL derivada de Moisés …» Aquí es importante reiterar, que independientemente de que la creencia que el domingo era el día de reposo, no haya tenido fundamento escritural, hay que entender que las circunstancias que ya hemos mencionado, obligaron a la naciente iglesia cristiana gentil a buscar un día en el que podían adorar a Dios sin ser discriminados, perseguidos y masacrados tanto por los judíos como por las autoridades romanas. Es posible, que si nosotros hubiéramos estado en las mismas circunstancias que la iglesia gentil a fines del primer siglo y en la primera mitad del segundo, habríamos hecho lo mismo. Es fácil señalar y tratar de descalificar a esos mártires a la distancia, porque eran guardadores del domingo; martirio que probablemente nosotros no habríamos estado dispuestos a sufrir. La anterior situación debe hacernos reflexionar y entender, que en la iglesia primitiva, después de los apóstoles, los fieles cristiano gentiles fueron guardadores de domingo, y que eso no los descalificó como sinceros hijos de Dios, y que no nos corresponde a nosotros, erigirnos en jueces de esos mártires, ni de los actules guardadores del domingo, que en su ignorancia se pierden la bendición del sábado. 3 – No tiene fundamento bíblico ni histórico el afirmar que la Roma pagana, y en consecuencia la Roma papal, iba a cambiar «los tiempos y la ley» (el domingo por el sábado), porque la observancia del domingo tuvo su origen en el transcurso de la segunda mitad del primer siglo, aproximadamente dos siglos antes que Constantino, supuestamente, asociara el domingo – en el que los paganos rendían culto al sol -, con el día del Señor. Tertuliano nos ayuda a comprender lo anterior, cuando un siglo antes del Concilio de Nicea escribió lo siguiente: «De esto se sigue en consecuencia, que hasta donde la abolición de la circuncisión carnal y de la ley vieja, se demuestra como habiendo sido consumada en su tiempo específico, así también la observancia del sábado queda demostrado que ha sido temporal» Tertuliano también escribió: » Nosotros nos alegramos el domingo espiritualmente, no por culto o veneración al sol, sino por fines más altos. Los gentiles en sábado celebran sus fiestas a Saturno, diferenciándose mucho del rito judaico que ignoran, que en los judíos el ocio sabático es misterio; y en los gentiles soltura para ocuparse en todo género de lascivias. Nosotros en todo nos diferenciamos de todos, porque el día después del sábado es nuestra fiesta; y el rito es honesto y sobrio». La anterior declaración de Tertuliano es categórica, al desvincular el domingo como día de reposo semanal de los cristianos gentiles, que lo guardaron desde la segunda mitad del siglo primero, mucho antes de que los romanos dedicaran el domingo para rendir culto al sol en el segundo siglo. El hecho de que la iglesia tradicional se arrogue la autoría del cambio del sábado al domingo, no deja de ser otra pretensión más, porque el domingo comenzó a guardarse en contraposición del sábado, no como un acto de rebeldía en contra de la disposición de Dios, sino como una medida extrema de sobrevivencia en un ambiente hostil, aproximadamente 300 años antes de que la iglesia romana fuera establecida y reconocida como institución por parte de Constantino. Para terminar, no debemos olvidar que el sábado fue dado para beneficio del hombre, y no el hombre para beneficio del sábado; lo que significa que el sábado fue dado para el bienestar físico, mental y espiritual del hombre y no lo contrario; es decir, que el hombre fue creado para beneficio del sábado, volviéndose ese día un gran criterio de obediencia al Creador, que permite ganar la salvación. El sábado no salva, como no salva la obediencia a los restantes nueve mandamientos, porque somos salvos por gracia. En este punto, como adventistas entramos en una gran contradicción, porque aceptamos, por un lado, que somos salvos por gracia, pero, por otro lado, enfatizamos que el que no guarde el sábado en el tiempo del fin no se salvará, porque conjeturamos que el sábado es señal de fidelidad a Dios, lo que no tiene soporte bíblico. Esa interpretación la formuló Jose Bates, basado en las visiones de la hna. White, en los escritos de Rousell Crossier y en deducciones de Apocalipsis 14 y muy particularmente del verso 12. Bates al igual que nuestros pioneros, formuló interpretaciones basadas en traducciones de la Biblia y no en el texto original, por lo que él nunca logró comprender que guardar los mandamientos no es sinónimo de obedecerlos. Para comenzar, es interesante descubrir que no exite en todo el Nuevo Testamento, un solo texto que mencione que hay que OBEDECER los mandamientos de Dios, sino GUARDAR o atesorar como algo preciado, que es nuestro privilegio disfrutar. Lo anterior tiene sentido, porque esta en consonancia con el núcleo del evangelio, que es: que somos justificados GRATUITAMENTE por su GRACIA, y no por lo que podemos hacer. La palabra obedecer en el Nuevo Testamento proviene básicamente de dos palabras griegas que son: «peidsarjeo» y «jupakouo», que practicamente significan lo mismo, que es obedecer, o someterse o conformarse a la autoridad. La palabra «guardar» proviene de la palabra griega «tereo» cuyo significado primario es custiodar, guardar de perdida, retener; que está relacionado con algo valioso que no hay que perder, que en este caso son los diez mandamientos. Una cosa es obedecer como una obligación, aunque no estemos deseando hacerlo; y otra es guardar, que es el resultado de tener consciencia de que lo que se nos recomienda, es lo mejor que podemos hacer para llevar una vida plena y realizada en este mundo. Un agradecido y convertido hijo de Dios, no se pasa la vida tratando de obedecer, para ganar el Cielo, sino en disfrutar los sabios consejos de Dios que terminan produciendo los frutos del espíritu, sin que nos demos cuenta y mucho menos arrogándonos el mérito, como normalmente lo hacemos; y de lo cual nos sentimos orgullosos. Que la prometida vida eterna, venga por añadidura, no porque la hayamos ganado, porque no la podemos ganar ni comprar con nuestras obras. Bendiciones

Gracias Frank por sus comentarios
Excelente exposición y aclara el entendimiento de la voluntad de Dios. Solo el corazón agradecido siente placer en los caminos de Dioa. Guardar los mandamientos de Dios, incluido el sábado es resultado de la salvacion gratuita de Dios tal como brindar un servicio voluntario e incondicional a favor del prójimo. Nuestro pioneros con su limitada comprensión de los textos originales trataron de llevar un mensaje de salvación y esperanza a la gente de su tiempo, pero hoy, con la ventaja tecnológica a nuestra disposición y con la resurrección de la lengua hebrea y griega disponible a todos, podemos ver con más luz lo que Dios siempre quiso decirnos: «Si retrajeres del día de reposo tu pie, de hacer tu voluntad,, y lo llamarles delicia….entonces te deleitarás en Jehova…» Ninguna de las bendiciones de Jehová, incluido el cielo nuevo y la tierra nueva, podrán ser delicias para aquellos que nos sentimos obligados a cumplir un protocolo espiritual sin sentido. Solo si estamos agradecidos por la salvacion de Dios entonces es que podemos sentir delicias por las cosas santas.