¿Terminó en el año 1798 los 1,260 años de supremacía papal? Parte II

| Frank Claros

En la primera parte de esta pregunta, terminamos considerando el pontificado de Gregorio VII en el siglo XI. En esta segunda parte, continuaremos revisando, lo que les aconteció a otros Papas en los siguientes siglos: El Papa Urbano II (1,088-1,099), fue separado de su cargo por los ciudadanos romanos, ante el temor de las represalias del emperador Enrique IV, quien se dirigía hacia Roma a deponerlo. El Papa Pascual II (1,099-1,118) entró en controversia con el emperador Enrique V de Alemania, por el derecho de nombrar a los obispos en su región. Enrique V, sitió Roma y obligó a Pascual II a suscribir un tratado de reconocer el derecho de investidura del emperador, y comprometerse a no lanzar anatemas contra el rey. El Papa no respetó el tratado suscrito, y ante el temor de las represalias por parte del emperador, huyó de Roma y se refugió en Albano. En el siglo XII, el Papa Gelasio II, ante las amenazas de Enrique V, huyó de Roma y se dirigió a Porto. Posteriormente, el emperador defenestró de su cargo a Gelasio II, y nombró en su lugar a Gregorio VIII. A finales del siglo XII y comienzos del XIII, fue nombrado Papa Inocencio III, considerado por algunos el más brillante de los Papas en la historia; y el máximo exponente de la supremacía papal. Para entender mejor su pontificado y la supremacía papal que ejerció, debemos revisar sus primeros pasos como Papa. Inocencio III, estudió leyes en París, lo que contribuyó a que tratara de gobernar apegado a las leyes y la justicia en el inicio de su pontificado. Entre las primeras medidas que adoptó estaban: 1- Fijar el salario de los oficiales de su corte que le asistían, prohibiendo que solicitaran o exigieran donaciones económicas a los fieles. 2 – Suspender la venta de reliquias y prendas religiosas a los fieles que confiaban en la autenticidad de las mismas. 3 – Dedicar tres veces a la semana a dar audiencia a los fieles, para escuchar sus quejas y reclamos, y pronunciar sus fallos como juez; no teniendo en cuenta la condición social y económica de los querellantes y de los acusados, sino la justicia de sus reclamaciones. Esta medida le ganó una gran reputación de imparcial y confiable, y atrajo a su presencia la apelación de todos los casos importantes o célebres, no solo de Roma, sino de otras naciones hasta donde se difundió su fama. No es de extrañar que durante su pontificado, algunas monarquías europeas confiaran en sus juicios y sometieran a su criterio, la solución de sus problemas. Eran los reyes y príncipes los que no solo le solicitaban sus consejos, sino ser colocados bajo su protección; permitiendo voluntariamente que sus estados fueran feudos de la iglesia. Un ejemplo de lo anterior es el vasallaje voluntario de Pedro II de Aragón, quien fue coronado en Roma rey de esa región por Inocencio III. En relación con la supremacía papal que ejerció Inocencio III, se registran tres acontecimientos muy conocidos relacionados con monarcas europeos: 1 – El caso de Alfonso IX de Aragón, a quien separó de su esposa Teresa de Portugal por ser una familiar cercana. 2- A Felipe II de Francia, a quien ordenó mediante un entredicho a recibir de vuelta a la reina Ingerburga. En estos dos primeros casos, el primero fue efectivo, más que por la condición de Papa, por la credibilidad y respeto que tenían hacia Inocencio III que velaba por la condición moral de los monarcas. . En el segundo caso, a pesar del entredicho en el que Inocencio III había colocado a la nación francesa, Felipe II nunca hizo volver a la corte a su esposa danesa. . El tercer suceso está relacionado con la nación inglesa y su rey Juan I. a quienes el Papa puso en entredicho. Debido a la impopularidad del rey y en consecuencia, a la falta de apoyo por parte del pueblo y los cortesanos, el rey claudicó ante el Papa, especialmente por la amenaza que representaba el rey Felipe de Francia, que estaba haciendo planes de invadir Inglaterra. Como vemos en este caso, se presentaron variables que permitieron ser efectivas las armas espirituales del Papa, variables que no estuvieron presentes, y no permitieron que los entredichos y las excomuniones fueran efectivas, cuando Inocencio III trató de hacer lo mismo con los monarcas franceses y alemanes. En el siglo XII, con la muerte del emperador germánico Enrique VI, se generó una disputa por la corona imperial; por un lado, estaba Felipe de Suabia, quien defendía el derecho de su sobrino – futuro Federico II -, hijo del rey fallecido, y, por otro lado, Otón IV, apoyado por nobles que estaban descontentos con la elección de Felipe de Suabia. Inocencio III se puso de parte de Otón IV, por intereses territoriales en Italia, excomulgando a Felipe de Suabia, sin ningún efecto adverso para este. Cuando la guerra empezó a inclinarse a favor de Felipe, le retiró la excomunión y propuso un armisticio entre los contendientes. La guerra no se detuvo; y ante la falta de cumplimiento de los votos de fidelidad de parte de Otón, el Papa también terminó excomulgándolo, sin ningún efecto negativo en sus gestiones, hasta que finalmente fue derrotado por Felipe de Suabia, quedando este como rey incuestionable. Lo anterior evidencia que Inocencio III no ejerció una supremacía papal absoluta sobre los reyes de Europa como hemos afirmado, sino una supremacía circunstancial; no obstante lo anteriormente mencionado, por algunas situaciones que se suscitaron durante su pontificado, podemos afirmar que fue el único Papa en los 1,260 años mencionados en la profecía, que ejerció cierta supremacía papal por 18 años, sin ser perseguido, capturado o depuesto. Después del apogeo y reconocimiento que gozó Inocencio III, encontramos que a inicios del siglo XIII, el Papa Gregorio IX fue perseguido y echado de la silla papal por instigación del emperador germano Federico II, por lo que el Papa terminó refugiándose en Perusa. A mediados del mismo siglo, el Papa Inocencio IV, anduvo errante, perseguido por el mismo emperador, por lo que terminó buscando alianza con el sultán Melich Salem, para que invadiera Italia y derrotara al ejército imperial. Posteriormente el Papa Alejandro IV fue amenazado por la ciudadanía romana con el apoyo del senado de llevarlo a la horca; por lo que se vio obligado a huir de Roma y refugiarse en Viterbo. A finales del siglo XIII e inicios del XIV, fue nombrado Papa, Bonifacio VIII, considerado el tercer máximo exponente de supremacía papal. Bonifacio VIII, famoso por su bula «unam sactam», excomulgó al rey Felipe el Hermoso, y se declaró dueño absoluto de Francia, atribuyéndose el poder de disponer de las dignidades y de los beneficios seculares y eclesiásticos. El rey lo depuso de su cargo, lo trasladó de Anagni donde estaba refugiado, a Roma, donde murió un mes después. Al terminar esta segunda parte, debemos preguntarnos: ¿Hay evidencia histórica de supremacía papal durante últimos 800 años que hemos considerado, de los 1,260 años señalados por la profecía? Bendiciones.

Comentarios

  1. Excelente exposición durante los primeros 800 años de la pretensión papal de ser dominantes en el mundo. De hecho, hasta aquí, el área territorial en cuestión es parte de Europa. Nada de dominio en Asia, África, medio oriente, Oceanía con todos sus archipiélagos y menos en América que todavía era dominio indígena, ajeno e ignorado por el viejo mundo.

    Gracias por esta exposición. Seguiremos estudiando el tema

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