Aclaraciones VIII Parte.

| Frank Claros

Después de haber considerado y publicado 39 artículos, relacionados con las profecías de Daniel 2, 7, 8, 9, 11, 12; y Apocalipsis 13, 14, 19 y 20; ha quedado en evidencia, que la mayor parte de nuestras interpretaciones proféticas carecen de fundamento bíblico e histórico; lo que nos obliga a investigar y buscar una mejor interpretación. En los últimos veinte y cinco años hemos compartido lo publicado recientemente en este blog, con varias decenas de teólogos experimentados de Norte, Centro y Sudamérica, entre los que destacan decanos y profesores de teología de la Universidad de Chile, la Universidad Adventista deL Plata en Argentina y la Universidad de Montemorelos en Mexico; a quienes invitamos a que cuestionaran lo compartido, con la esperanza que señalaran lo equivocado. Lamentablemente, el 96 o/o de los teólogos a quienes se les facilitó información, tomaron una actitud de negación hacia lo compartido, pero en ninguno momento presentaron objeción alguna a lo propuesto. El restante 4 o/o está constituido por dos experimentados teólogos chilenos -jubilados hace ya muchos años-, quienes reconocieron que nuestra interpretación tradicional, da lugar a preguntas que no podemos contestar satisfactoriamente; por lo que deberíamos proceder a una revisión de lo que hemos creído proféticamente. Uno de ellos, nos animó a enviar las investigaciones al Instituto de investigación bíblica, ofreciéndonos una carta referencial para dicho instituto, en la que acreditaría que el proponente no es un disidente ni adversario de la iglesia Debemos destacar que en el año 2017, participamos en un simposio que se realizó en la Universidad Adventista del Plata, que celebraba los quinientos años que habían pasado, desde el momento en que Martín Lutero clavó sus 95 tesis en las puertas de la Universidad de Wittenberg; a la que asistieron aproximadamente 200 teólogos de la División Sudamericana. En dicho evento, también participaron el director del Instituto de investigación bíblica, el director del Centro White y un representante de la Universidad de Andrews. En los diferentes equipos de trabajo en los que participamos durante los cuatro días que duro el simposio, compartimos decenas de copias de lo que habíamos investigado entre los participantes del evento mencionado -incluyendo a los representantes de las instituciones norteamericanas-, invitándolos a que lo cuestionaran, para lo cual intercambiamos correos electrónicos en la esperanza de recibir objeciones; objeciones que nunca llegaron. Es de destacar, que el director del Instituto de investigación bíblica en ese entonces, tuvo la cortesía de enviarnos una carta que presentaba un bosquejo de nuestras tradicionales interpretaciones proféticas del libro de Daniel -que es de todos conocidas-, pero que no cuestionaba lo propuesto; que precisamente objeta dichas tradicionales interpretaciones. Al llegar a este punto, quedamos profundamente decepcionados; al encontrarnos con la realidad, que nuestros teólogos no solo carecen de elementos para cuestionar lo planteado, sino, que tampoco tienen interés en considerarlo. Debido a lo anteriormente expuesto, nos hemos visto en la «obligación» de hacer pública nuestras inconsistencias proféticas, no con el ánimo de perjudicar a nuestra denominación; sino, con la intención de comprometer a nuestros estudiosos a que den respuestas satisfactorias a las interrogantes proféticas que surgen del estudio objetivo y diligente del libro de Daniel; que de no tenerlas, motive una revisión de lo que hemos creído y enseñado; y de ser necesario, proceder a una honrosa rectificación que en nada nos perjudica; sino que al contrario nos prestigia, al evidenciar honestidad y apego a la verdad al reconocer que hemos estado equivocados en algunos puntos, como corresponde a una institución cristiana. Como iglesia que profesa tener la verdad, debemos ser permanentemente buscadores de esa verdad, descartando lo que bien intencionado, pero no menos equivocado, formularon nuestros sinceros pioneros que no contaron con las herramientas interpretativas que ahora disponemos. Soñar no cuesta nada, por lo que nuestro mayor sueño es que el Señor ilumine nuestra mente, para que podamos ver, que lo que fue verdad presente en nuestros inicios, que nos hizo pensar que éramos una iglesia profética, deja de serlo en nuestro tiempo; y que no por ello, dejamos de ser una iglesia que el Señor hizo surgir con un propósito: que es anunciar el glorioso momento de su segunda venida, y el privilegio de disfrutar el bendito Sábado en un mundo atribulado. Es nuestro deseo seguir siendo miembros de la Iglesia Adventista del Séptimo día, y sentirnos sanamente orgullosos de pertenecer a este movimiento, como nos sentimos hace más de cincuenta años cuando dimos nuestros primeros pasos en el andar cristiano; pero también, es nuestro deseo, que procedamos a una revisión honesta y objetiva de nuestra interpretación profética; porque de no hacerlo, seguiremos el camino que siguen las sectas que termina en el fanatismo; al seguir defendiendo, lo que saben que bíblicamente es indefendible. Bendiciones.

Comentarios

  1. Gracias Frank por sus exposiciones desafiantes.
    Personalmente quiero decir a este grupo de estudiantes y lectores que he sido desafiado por este blog a estudiar con mayor interés nuestras creencias fundamentales y hacer una retrospección de lo creído a la luz de una mente mas abierta a la realidad histórica pero siempre con la biblia abierta. Los escritos de Frank llegaron a mis manos en un momento en que yo también estaba haciéndome preguntas muy parecidas a las realizadas y expuestas por Frank. Algo no cuadraba en mis estudios y de alguna manera encontré muchas respuestas en las investigaciones de Frank. Hoy veo a Dios como un Dios amante y lleno de amor y misericordia que cuida a su pueblo (a todos los que le aceptaron) y lo defiende ante sus agresores quienes pagaran en el día del juicio por todo lo que le hicieron a sus hijos en todas las edades y en todas las religiones y en todos los pueblos.
    Quiero dejar con ustedes parte de las ultimas palabras de William Miller que dice: «Nosotros esperábamos el regreso personal de Jesús en este tiempo (1844) y ahora sostener que no nos equivocamos seria deshonesto. A nosotros nunca nos deberá avergonzar el confesar francamente todos nuestros errores….» Estas palabras de Miller son validas hoy también.
    También quiero decirles que mi adhesión a los argumentos de Frank en ninguna manera es una abdicación a mi fe en el Señor Jesucristo como mi Salvador personal lo cual lo tengo claro, y a dudar en el llamamiento que me hizo a unirme a la Iglesia Adventista del séptimo día la cual amo con todo mi corazón, pero que debo colaborar con honestidad a una reflexión mas profunda en nuestra interpretación profética a la luz de la verdad, aunque esta incomode. Si hemos predicado «la verdad» y si somo el pueblo de la verdad, debemos estar preparados para aceptarla venga de donde venga, duela a quien le duela y si los patrones interpretativos de la profecía serán conmovidos, pues que así sea para la honra y gloria de Dios. Nada se pierde con una investigación cuidadosa. Y soy un ferviente creyente que la iglesia saldrá fortalecida.

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