Los adventistas del séptimo día nos hemos caracterizado por una interpretación muy peculiar de la profecía de Daniel 7, donde proponemos que los 1,260 días representan 1,260 años de supremacía papal que comenzó en el año 538 d. C., y que terminó en el año 1,798. Esa interpretación fue muy popular y aceptada en el mundo religioso de inicios del siglo XIX, especialmente el fin del cuerno pequeño de Daniel 7, que, al asociarlo con Apocalipsis 13, se llegó a la conclusión de que la herida mortal infligida a la bestia que surgió del mar, se había cumplido con la captura del papa Pío VI en el año 1798 por parte del ejército revolucionario francés. Con el pasar del tiempo, las diferentes iglesias fueron descartando tal interpretación, al darse cuenta de su inconsistencia bíblica e histórica, que consideraremos en los siguientes artículos. Lamentablemente, nuestros pioneros la adoptaron y la registraron en nuestros libros inspirados, lo que no dio lugar a una revisión objetiva, por lo que equivocadamente la seguimos repitiendo 180 años después. Antes de profundizar en la temática a abordar, es importante destacar que Elena de White nunca pretendió ser una autoridad en historia ni estar por encima de ella. Lo anterior lo confirmamos al leer la introducción del libro Conflicto de los siglos, donde ella declara: «Con este fin he tratado de escoger y reunir acontecimientos de la historia de la iglesia, de forma que quedara bosquejada el desenvolvimiento de las grandes verdades comprobadas que en diversas épocas han sido dadas al mundo». También es importante destacar que en la primera edición del Conflicto de los siglos, se consignaron más de 400 referencias bibliográficas históricas, a fin de darle el crédito a las fuentes consultadas. En algunos casos, las referencias no se limitaban a una frase o un párrafo, sino que se componían de páginas enteras. Su hijo William White, en una carta que le envió a S. N. Haskell en 1912, escribió lo siguiente: » que su madre nunca había deseado que nuestros hermanos consideraran sus escritos como una autoridad respecto a la historia … Y ciertamente pienso que cometemos un grave error, si nosotros tratamos dilucidar hechos históricos utilizando los libros de mi madre como si fueran autoridades». En el libro Conflicto de los siglos, pág. 309, encontramos registrado la primera declaración de Elena de White, relacionada con la profecía de Daniel 7, donde se registra: «Los 1,260 años de dominio temporal del papa comenzaron en el año 538 d. C. y debían terminar en 1,798. El tiempo durante el cual la iglesia de Cristo iba a sufrir bajo la opresión romana». En vista de que cuando se publicó la primera edición del Conflicto de los siglos, la iglesia no tenía una posición definida acerca de los poderes representados por los diez cuernos de Daniel 7, la señora White no abordó eventos relacionados con esas tribus bárbaras y el surgimiento del poder papal después de la derrota de la última tribu arriana en el año 538. Debido a lo anterior, el Comentario Bíblico Adventista, tomo 4, pág. 853, agregó después lo siguiente: «Entre los principales obstáculos que se le presentaron a la Roma papal en su encumbramiento al poder político estuvieron los hérulos, los vándalos y los ostrogodos». En la pág. 854 se registra lo siguiente: «En 538, por primera vez … la ciudad de Roma fue liberada del dominio de un reino arriano. En ese año, el reino de los ostrogodos recibió su golpe mortal». En la pág. 853, se consigna: «Su retirada de Roma en 538 marcó el verdadero fin del poder ostrogodo …» Las anteriores citas nos relatan dos eventos diferentes pero relacionados entre sí: 1. El fin o golpe mortal del reino ostrogodo en el año 538. 2- El inicio de la supremacía papal en ese mismo año, que duraría 1,260 años hasta 1,798, cuando el papa Pío VI fue sacado de Roma por las tropas francesas. En lo que resta de este artículo, nos enfocaremos en considerar el año en el que supuestamente se iniciaron los 1,260 años de supremacía papal, es decir, el año 538 d. C. Hay dos razones por las que el año mencionado, no debería seguir siendo señalado como el año del inicio de la supremacía papal: 1- Que en el año 537, un año después de la expulsión de los ostrogodos de Roma, el diácono Vigilio fue nombrado como nuevo papa por la esposa de Justiniano, la emperatriz Teodora. Vigilio duró en su cargo aproximadamente 17 años después del año 538, por lo que debió ser el pontífice que dio inicio a los 1,260 años de supremacía papal, en los que debieron ser perseguidos los santos. Lamentablemente, la historia registra que siete años después del 538, Vigilio, fue perseguido y capturado por orden del emperador Justiniano y enviado a Constantinopla, donde permaneció cautivo por diez años. La Iglesia católica lo considera un mártir de la iglesia por los maltratos y vejámenes que sufrió durante su cautiverio. Aquí la pregunta obligada es: ¿Cómo pudo iniciarse la supremacía papal en el año 538, cuando el papa Vigilio, quien debió iniciar la supremacía papal, dando lugar a la persecución de los santos, fue el perseguido y mantenido cautivo por diez años en Constantinopla? Nuestros teólogos, dándose cuenta de tal inconsistencia histórica, han acudido al malabarismo exegético al afirmar, que la supremacía papal fue un proceso que no obligatoriamente debió comenzar el año 538. La anterior declaración es inaudita y asombrosa, y revela el nivel de subjetividad en el que hemos caído, pretendiendo sostener una interpretación indefendible históricamente hablando. Lo curioso de todo esto, es que, por un lado, asignamos una exactitud milimétrica a la profecía de las 2,300 tardes y mañanas, indicando el año exacto de su inicio, su cumplimiento intermedio, señalando los años del bautismo y sacrificio del Señor Jesús, y terminando con el año, mes y día preciso, es decir, el 22 de octubre de 1,844; pero, por otro lado, proponemos una imprecisión al inicio de la profecía de los 1,260 días porque nos conviene, a fin de justificar una interpretación que no es avalada por la historia. No olvidemos que cuando faltamos a la verdad deliberadamente, dejamos de ser cristianos, aunque seamos buenos adventistas. Es entendible lo que nuestros pioneros equivocadamente propusieron en los inicios de nuestra iglesia, por su nivel de ignorancia. Lo que no es entendible y, si se quiere, es reprochable, es que en pleno siglo XXI, nuestros teólogos, algunos con doctorados, sigan repitiendo los mismos errores que propusieron nuestros sinceros pioneros. Una cosa es lo que individualmente, por las razones que sean, decidamos seguir creyendo lo que nos conviene acerca de la profecía de Daniel 7, aunque no la podamos sustentar históricamente; otra, es mantener conscientemente engañados a los millones de nuestros miembros que han confiado en nosotros. De eso tendremos que dar cuenta. Bendiciones.

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