Últimas aclaraciones. Parte l.

| Frank Claros

Después de haber publicado 61 artículos relacionados con las profecías de Daniel, en los que se señalan serias inconsistencias y fisuras interpretativas, es posible que algunos de los lectores de este blog se pregunten sobre los motivos que alentaron al suscrito a escribir lo compartido. Debido al contenido de lo publicado, la primera impresión que puede llevarse el lector es que el propósito de lo compartido es desacreditar y dañar a la Iglesia Adventista del Séptimo Día, por alguien que está amargado y lleno de odio hacia la iglesia. La anterior conclusión está totalmente alejada de la verdad, porque el suscrito está profundamente agradecido con el Señor por haberle permitido conocerle a través de la Iglesia Adventista y permitir llegar a ser lo que soy gracias a los oportunos consejos de Elena G. de White registrados en sus libros. A mis 75 años debo confesar con total certeza que soy una persona plenamente realizada, que logró alcanzar y disfrutar todos los sueños que tuvo en su juventud, por lo que en mis oraciones nocturnas, muchas veces le he pedido al Señor que me llame al descanso. Que si permite que el día siguiente no vea un nuevo amanecer, me haría un gran favor, y que me iría profundamente agradecido por lo maravilloso que fue conmigo; y que no tendría nada que recriminarle. En relacion a lo compartido en este blog, yo no decidí investigar ni buscar errores en nuestra tradicional interpretación profética del libro de Daniel. Nunca pasó por mi mente, porque creía ciegamente en lo que me habían enseñado, especialmente porque había sentido la mano de Dios guiando mi vida. El Señor me condujo, y si se quiere, me obligó a encontrar las inconsistencias interpretativas proféticas que no buscaba, a las cuales me resistí inicialmente, porque quería seguir creyendo que estábamos en lo correcto. Recuerdo que, en cierto momento, hace al menos 25 años, en un día sábado, al terminar de leer uno de nuestros libros escrito por un exdirector del Centro White -molesto por lo que había leído-, tomé el libro en mis manos y lo arrojé contra el piso, exclamando: «No sé por qué publican esta basura». Después de eso encontré que nuestras editoras han publicado libros que arrojan luz sobre nuestras inconsistencias proféticas, como «Profecías del fin» de Hans La Rondelle; «Nuestra identidad» y otras obras de George Knight; «El Santuario» de Roy Adams; «Mujer de visión» de Arthur White, nieto de Elena White; «Mensajera del Señor» de Herberth Douglas; «101 preguntas sobre el santuario y Elena G. de White» de Robert Olson. También encontré libros que son contradictorios al pretender explicar las profecías de Daniel, afirmando, por un lado, lo que tradicionalmente hemos enseñado, y por otro lado, registrando hechos históricos que contradicen lo inicialmente explicado, como es la fecha de inicio del accionar del cuerno pequeño de Daniel 7, o el proceso de la purificación del santuario celestial. Entre esos libros, se destacan: «El juicio investigador» de Marvin Moore; «Guía para el estudioso de las profecías de Daniel»,de William Shea; «Ataque al lugar santísimo» y otras obras de Clifford Goldstein; «El «futuro del mundo revelado en el libro de Daniel», de Loron Wade; y algunos libros de Elena de White, como son «Primeros escritos», «Patriarcas y profetas» y «El conflicto de los siglos». Por falta de tiempo y espacio no detallaremos las declaraciones contradictorias en los últimos libros mencionados, que podemos encontrar en los diferentes artículos publicados en este blog. Anteriormente, mencioné que el Señor, en cierta manera, me obligó a encontrar las inconsistencias de nuestra tradicional interpretación profética del libro de Daniel, que inicialmente rechacé, porque quería seguir creyendo que no estábamos equivocados, para finalmente terminar aceptándolas, al no tener sólidos argumentos que las refutaran. Dos factores que contribuyeron a que terminara rechazando las inconsistencias encontradas fueron los siguientes: 1- Que no soy un adventista con pedigree, es decir, con ancestros adventistas generacionales, lo que me permite estar divorciado de las creencias de mis ancestros, y por lo tanto, tener una mayor apertura mental y objetividad a la hora de considerar creencias controversiales. 2- La formación de valores que adquirí en mi hogar, que fueron un tanto victorianos. Tuve el privilegio de tener un padre que nació en el año 1,897, para quien la palabra valía más que un documento, y la mentira era inaceptable en cualquier circunstancia. Tengo el recuerdo de que en cierto momento de mi infancia, él me llamó la atención por algo que dije -que supongo fue una mentira-, porque me reprendió escuetamente con las siguientes palabras: «Primero asesino antes que mentiroso»; palabras que quedaron grabadas en mi mente, y me marcaron por el resto de la vida, al entender que para mi padre era más tolerable un asesino que un mentiroso. Esas palabras también, con el tiempo, me hicieron entender en qué consiste el odio al pecado, en este caso la mentira. Un ejemplo práctico de la formación que recibí, lo encuentro en una situación que viví hace muchos años, cuando era director de un proyecto de Adra. Resulta que al final del proyecto había que enviar a Washington un informe financiero firmado por el director y el administrador del proyecto. El administrador decidió enviar unilateralmente dicho informe, en el que había un faltante de aproximadamente US $ 80,000.00 que no habían sido malversados, sino utilizados en actividades ajenas al proyecto, que era en sí una violación a las políticas del donante. En las oficinas centrales de Adra rechazaron el informe por no estar firmado por el director del proyecto. La Unión de ese campo envió un auditor conocido mío para que me convenciera de firmar el informe. Dicho apreciado hermano me pidió que firmara el informe, argumentando que esos fondos no habían sido malversados, y en todo caso estábamos hablando de la iglesia. Recuerdo que le contesté al hermano que no me pidiera que mintiera, porque antes de hacerlo prefería salirme de la iglesia para después mentir. El problema se resolvió después de una auditoría de la División Interamericana y otra de la Conferencia General, que pidió a la Unión de ese campo devolver el dinero faltante. Debido a lo anteriormente mencionado, es de entender que cuando el suscrito abrazó el adventismo, lo hice en la confianza y seguridad de que, si se llegara a descubrir algún error en las creencias de la iglesia, se procedería a una oportuna y honorable rectificación, como debe corresponder a una denominación cristiana. Lamentablemente, eso no ha sucedido en nuestra iglesia, porque hemos estado más interesados en defender a la denominación que en estar de parte de la verdad, lo que nos descalifica para que podamos seguir siendo llamados cristianos. Tal situación es profundamente frustrante, especialmente para alguien que ha pertenecido a este movimiento por más de 60 años, y ha buscado en los últimos veinte que nuestra dirigencia proceda a una honrosa revisión de nuestras creencias proféticas. No me resigno a aceptar que hace mucho tiempo dejamos de ser una institución cristiana por nuestra renuencia a revisar nuestras creencias proféticas, algo que deberíamos estar haciendo periódicamente, como lo hacemos con nuestras creencias doctrinales. No pierdo la esperanza de que más temprano que tarde realicemos la revisión mencionada, dejando a un lado el sectarismo ciego, que tanto daño nos ha causado. Bendiciones.

Comentarios

  1. Gracias Frank por el desarrollo de este blog donde podemos expresar lo que entendemos de la biblia. Yo oro para que ud este sano, fuerte, enérgico y que pueda ver esos anhelos de su corazón, cual es ver a nuestra iglesia revisando y corrigiendo todo aquello que se aleja de la sagrada palabra de Dios. Como le dije en una ocasión, quizá está a las puertas de una etapa mas de su experiencia cristiana cual Moises despues de salir de Madian hacia Egipto.

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